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Reseñas

Sobre 'Benjamín se fue a la guerra': Berta Lucía Estrada

Sobre 'Benjamín se fue a la guerra': Berta Lucía Estrada

Hay sugerencias que son ordenes ineludibles, así transcurran decenios antes de concretizarse; ese podría ser el caso del último libro de COP. Y si hablo de sugerencias es porque Carlos Orlando Pardo, ese gran contador, como debían serlo los cuenteros que erraban de feria en feria, le narró en una tarde de cuitas literarias a Gabriel García Márquez la increíble historia de un personaje de El Líbano (Tolima) cuyas aventuras iban más allá del horizonte ficcional, y él, que vivió siempre en un mundo hiperbólico, le dijo escuetamente: - Ese personaje bien vale una novela. No en vano el libro está dedicado a él; aun así, pasaría mucho tiempo antes que Pardo transfiriera de la narración oral al papel ese mandato ineludible.

Benjamín se fue a la guerra es un libro que nace de un personaje histórico cuya vida fue una verdadera ficción. En él desfila parte de la Colombia decimonónica hasta bien entrado el siglo XX, así como una parte de la historia de Francia y de los diferentes enfrentamientos bélicos en los que se vio inmersa más o menos hasta los años sesenta del siglo pasado.

Benjamín, su protagonista, si bien es el último hijo de una gran prole, en realidad es el que más lejos llegará, y no lo digo en sentido figurado. Su vida está marcada por el desarraigo, por la errancia y por la evocación que surge de una vida itinerante en la que las raíces se han descuajado y volatilizado y esa trashumancia aparece muy temprano en su vida.

Cuando Benjamín cumple siete años su padre, uno de esos tantos patriarcas que gobernaban con puño de hierro una familia tan extensa como un pueblo, lo envía a un lugar donde las montañas tocan el cielo, Manizales, una ciudad fría y húmeda que le cercenará para siempre la sonrisa y en cierta medida la capacidad de amar o al menos de sentir compasión por ese padre que no sabe cómo decirle que lo ama y que solo le desea lo mejor lejos de la dura vida del campo. Lo que él no sabe es que para Benjamín el campo es el paraíso y que jamás logrará superar el sentimiento de pérdida que ese alejamiento le ocasionó como si se tratase de un dardo envenenado lanzado al lado izquierdo de su pecho.

Sin embargo, a pesar de su corta edad alcanzó a construir una amistad que va a durarle toda la vida, y gracias a ella muchos de sus recuerdos, por no decir todos van a conservarse como si se tratase de una salmuera, ya que durante años Benjamín va a escribirle cartas donde describe minuciosamente su trasegar por el mundo, más bien su cercanía con el infierno llamado guerra; ese túnel del que no se sale indemne. Ese amigo se llama Germán Arango, quien a pesar de las vicisitudes, de la miseria y del alcoholismo jamás dejará perder una sola de las misivas de Benjamín; en otras palabras, Benjamín se fue a la guerra es en cierta forma una oda a la amistad, a la lealtad y sobre todo al recuerdo. A ese recuerdo que ni las sombras de la edad podrán hacer perder el rumbo, así a veces sus protagonistas crean que se han extraviado en el laberinto de su propio averno.

Y si hago nuevamente alusión al infierno es que Benjamín, en ese viaje iniciático que hace en las espaldas de su hermano mayor, como un Eneas que en vez de llevar a su anciano padre a cuestas, lleva al hermano menor, al benjamín de la estirpe, posiblemente porque es consciente que en él está la simiente necesaria para la supervivencia de su tribu; y como ese Eneas, que se aleja de las ruinas de una Troya destruida por la guerra, el hermano de Benjamín sube y baja montañas con él a cuestas en las que se tropiezan, al igual que los personajes míticos, con el eco de una de las tantas guerras que las transitaban desde antes de su nacimiento; lo que aun no sabía Benjamín es que ese eco lo acompañaría por el resto de su vida.

 

Exilio y guerra:

 Benjamín se fue a la guerra es un libro que explora dos constantes de la historia de la humanidad, el exilio y la guerra. Lo digo porque no existe un pueblo que no haya escapado a esos designios, como si el hombre estuviese condenado a repetir ad infinitum la tragedia del desarraigo y de los campos desolados, donde hasta el canto de los pájaros desaparece, allí donde el único sembradío que surge de la nada son las aves de rapiña que vienen a poblar la tierra arrasada por la estulticia y la ambición de unos cuantos individuos que ciegos de poder dirigen ejércitos enteros al matadero. No en vano Pardo trae a colación un magnífico epígrafe que ilustra esta idea de la guerra como una máquina con gran poder de destrucción:

El gran Cartago lideró tres guerras: después de la primera seguía teniendo poder; después de la segunda seguía siendo habitable; después de la tercera ya no se encuentra en el mapa. Albert Camus

 

Estructura de la novela:

La novela está contada a tres voces, un narrador omnisciente -es la voz ficcional-, un segundo narrador que conoce a Benjamín y al que visita cada tarde, y que desde un principio identificamos con el autor del libro, y por último está el mismo Benjamín que hace su propia narración en las tardes de tertulia con COP y sobre todo en el enorme legajo de cartas que le envió a su amigo Germán Arango durante decenas de años; por lo que podría decirse que en cierta forma se trata de un libro polifónico, en el que cada cual cuenta una parte de la historia, solo que eso es posible por los datos que el protagonista disemina a todo lo largo del libro.

 

Novela de aventuras:

Benjamín, siendo ya un hombre de avanzada edad, le confiesa a su esposa Dora que la fiebre por los viajes y las aventuras surgen de una lectura temprana de Los tres mosqueteros, de Alejandro Dumas, libro que lo acompañaría por el resto de su vida. En él está la semilla de ese espíritu indomable e inquieto que lo llevará de campo de batalla en campo de batalla, y a los lugares más inesperados del planeta y en todos ellos va a pelear en nombre de Francia; el país con el que se identificó desde la primera vez que leyó a Dumas y al que llega siendo aún un mozalbete para enrolarse en la Legión Francesa y más tarde en la Legión Extranjera, cuando más que un legionario es más bien un mercenario.

Precisamente la lectura de Benjamín se fue a la guerra me hizo pensar todo el tiempo en un libro que leí hace unos pocos meses, Le tour du monde du roi Zibeline, de Jean-Philippe Rufin (Gallimard-2017); en el que se relata la vida aventurera de un húngaro del siglo XVIII que pasó a la historia con el apelativo de Rey Zibeline. Y si Benjamín había sido iniciado por Dumas y por un tío cura que le enseñó a hablar francés y que sin sospecharlo le inoculó el deseo de partir a Europa, Auguste Auguste Beniowski (1741),  (1741-1786), su verdadero nombre, tuvo como preceptor a un francés de nombre Bachelet que conocía al dedillo el mundo de La Ilustración; gracias a él conoció las obras de Diderot, Rousseau y Voltaire; cuyas  ideas eran muy liberales para la época y sobre todo para el mundo cerrado de la Hungría del siglo XVIII. El resultado fue un rebelde sin causa que lo llevó por varios países de Europa, luego a Alaska, Rusia, Macao, Japón, para luego llegar a París donde frecuenta la corte de Luis XV, de allí pasa a  Madagascar y luego a Washington donde por espacio de varias semanas él y su esposa Aphanasie, hija del Gobernador de Kamchatka, donde él estuvo como prisionero, van a tratar de convencer a Benjamin Franklin de ayudarlos para llevar a cabo una expedición a Madagascar donde Beniowski  había sido nombrado rey por los aborígenes de esa isla. Pasarán siete largos años antes de poder regresar, sólo que la muerte le toca el hombro pocas horas después de su llegada.

El Benjamín de Pardo y el rey Zibeline de Rufin tienen muchas cosas en común, los dos son temerarios, viajeros incansables, aventureros, políglotas e incluso escritores. Benjamín lo es a través de sus cartas, y Beniowski deja un manuscrito donde narra todas sus peripecias ; y por supuesto sirvió de base para el libro de Rufin. Los dos han encontrado escritores que se interesan en sus aventuras y las han plasmado en sendos libros que nos invitan a viajar en dos mundos ya desaparecidos.

Benjamín participó en las dos Guerras mundiales, así como en otros conflictos donde Francia llevaba a cabo enfrentamientos de gran envergadura. Esto hace de él una especie de exiliado en sí mismo ; no es francés de nacimiento, algo que es imposible obviar así se guerree en nombre de Francia ; tampoco es colombiano porque el país que encuentra a su regreso no es el de su adolescencia ; así que poco a poco las brumas de la senilidad y el vino van a exiliarlo en las paredes de su propia casa, la vejez le llegará como un enorme laberinto donde Dora cumple cabalmente su rol de Ariadna. Y por último está COP, el profesor de literatura convertido en escritor y editor que lo rescata finalmente de las nebulosas de un olvido que habría terminado de sepultarlo si él no cuenta esta historia de un personaje de novela llamado Benjamín.

 

Berta Lucía Estrada

Crítica literaria


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