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Michael Connelly: “Mucho policía busca hoy la seguridad del despacho”

Por Carles Geli

El País (ES)

Orlando, guitarrista de mariachis, fallece tras llevar 10 años una bala incrustada en la columna vertebral, fruto de un tan misterioso como sangrante tiroteo. Crimen tardío, cuerpo caliente, pero caso bien frío y por resolver y en el que se cruzará la muerte de varios niños en un incendio también extraño de hace más de 20 años. O sea, que le cae al tenaz y seco Harry Bosch, hijo de prostituta californiana con voluntad de salir de ello, curtido combatiente en Vietnam, en la que es ya su 19ª novela propia, La habitación en llamas (ADN, Alianza de Novelas), a tenor de los entendidos, de los mejores títulos de la serie de este detective creado por Michael Connelly (Filadelfia,1956), que aprovecha para adosarle a su personaje una compañera que promete juego.

Pregunta. El mensaje último de la novela podría ser que la maldad, los malos, no puede ocultarse en la oscuridad para siempre. Muy optimista, vistos los tiempos.

Respuesta. Las cosas no siempre salen bien en la vida, por eso me gusta retornar esperanza a la gente; los que nos dedicamos al entretenimiento tenemos cierta obligación moral de transmitir ese mensaje de esperanza; Harry cree en ella y en la justicia, le gusta y lo transmite. Esta novela está basada en buena parte en un caso real, un supuesto incendio accidental ocurrido hace años; hace apenas cuatro meses, se resolvió. La esperanza es eso.

P. Si las cifras de la novela son reales, sale una media de 200 casos anuales que la policía de Los Ángeles no resuelve.

R. Crímenes hay en todas partes, pero en Los Ángeles ocurre que la gente llega con sueños de una gran vida mejor y al no cumplirse, el desencanto desencadena violencia. Uno de cada cuatro asesinatos en la ciudad queda sin resolver. Es bastante decepcionante… Escribir, de alguna manera, es una manera de aportar justicia: el 99,9% de las novelas negras acaban con los casos resueltos, gran diferencia con la vida real… Yo sólo dejé una vez un libro con uno sin resolver y no me fue nada bien en ventas.

P. Se da en la novela un doble duelo policial: burocracia versus acción y patearse la calle versus  despacho y nuevas tecnologías…

R. Eso está, pero creo que lo subyace en el fondo es la motivación hoy de los policías, por qué desean ser policías y cómo afrontarlo. Buena parte de ellos lo hacen hoy pensando en que sea un trabajo seguro, tranquilo, con una buena jubilación y por ello, cuanto más tiempo pasen en el despacho, más seguros estarán. Mis libros son muy parecidos a la realidad: trabajo con un grupo de detectives reales para documentarme y hemos detectado esa frustración y ese peso de la burocracia y que no tienen la motivación por el deber social que tenían por la combinación de las nuevas tecnologías y porque sus acciones están bajo una lupa de control brutal, que no me parece mal, pero que es muy fuerte; eso les ha hecho perder, no sé si el compromiso social, pero sí un poco el punto vocacional…

P. Inquietante...

R. En el caso de Los Ángeles, seguro que también ha influido el cambio de horarios y jornadas: ahora trabajan en tres turnos de 24 horas, con cuatro días de libranza; lo que hacen muchos es tener otro empleo esos días y, cuando les toca, van a comisaría, hacen su turno y se van, teniendo la cabeza en el otro trabajo… Entre los detectives, a los que huyen de estar a pie de calle les llaman los “ratones de casa”.

P. La nueva ayudante de Bosch, Lucía Soto, promete: es joven e inexperta, pero se maneja bien con las nuevas tecnologías, se complementan… ¿Puede sustituirle, cuando se jubile?

R. Harry aún da para mucho. En EEUU les llevamos dos libros de ventaja y le he puesto de detective en el pueblecito de San Fernando, donde puede hacer de policía a pesar de su edad. En mis libros me gusta plantar semillas y Soto germinará. En la próxima, El lado oscuro del adiós (noviembre en España, también en ADN), aun no tiene gran relevancia, pero en la siguiente, sí.

P. Ella es mexicano-estadounidense. ¿Tiene los papeles en regla? ¿Qué tal lo llevará Harry Bosch con Trump? En La habitación en llamas, Bosch suelta en clave sociopolítica: “Todo el mundo cuenta o nadie cuenta”.

R. Harry busca la justicia para todos… Él está en contradicción política con Trump. Nunca hablaré de él en mis novelas, pero sí de sus políticas y sus consecuencias; con él, el gap entre los que tienen y los que no crecerá muchísimo más. En El lado oscuro del adiós, que escribí antes de que fuera presidente, digo que no habría nada más ridículo que hacer un muro para separarnos porque esa gente viene con esperanza y la fuerza que da eso no hay muro ni nada que lo pare. No creí que ganaría, la verdad.

P. La novela negra se está mostrando como la gran literatura para reflejar la sociedad actual…

R. A diferencia de la más literaria, es más rápida, yo saco casi un libro por año, y eso permite añadir temas contemporáneos y opinión al respecto, permite la denuncia social como pocos y quizá explique su éxito… Las turbulencias de Trump aumentarán la división social, pero al género nos va a dar mucha madera para escribir. Nuestro deber es tomar esas políticas, bajarlas a la calle y ver cómo afectan a las vidas de las personas.

P. En La habitación en llamas hay casi una cincuentena de personajes secundarios que aportan datos que parecen irrelevantes, pero que acaban siendo cruciales, parece un recurso televisivo; por otro lado, se ha estrenado ya la tercera temporada de Bosch en Amazon y usted participa en los guiones. ¿Cómo repercute eso en sus novelas y en su personaje?

R. La influencia ha sido enorme. Me ha sorprendido a mí mismo. El cine y la tele requieren más diálogos, personajes, pistas y que todo sea mucho más visual; eso ha tenido un rebote en mi escritura; creo que mis diálogos, por ejemplo, son hoy más punzantes y agudos… Al principio, no acepté la serie porque querían que fueran un caso por capítulo; luego pasó a uno cada 10 episodios y eso ya lo acercaba más a los libros; en televisión, no puedo entrar casi en la cabeza de Harry.. Por ejemplo, eso del mal y la oscuridad nunca lo hubiera dicho en televisión porque suena un poco impostado, pero sí lo digo en el libro; protegeré la personalidad de Harry en los libros.

P. ¿Divisa relevos en la novela negra?

R. Sí, porque el género atrae a muchos autores jóvenes y muy buenos, porque la vertiente de novela social es hoy muy fuerte; el problema es cómo destacarlos; en mi época era más fácil darte a conocer porque había las librerías, mientras hoy hemos pasado de ellas a Internet y es tan grande que no sabes ni cómo buscar a estas nuevas hornadas... Es irónico: digo esto y yo estoy con lo de mi serie precisamente por Amazon; quizá haya que adaptarse y hacer del inconveniente, virtud.