Revista Pijao
‘La uruguaya’ que seduce a todo el mundo
‘La uruguaya’ que seduce a todo el mundo

Por Fernando Bono   Foto Samuel Sánchez
El País (Es)

Hay sexo, dinero, infidelidad, humor, crisis existencial, mezquindad, amargura, traición e incluso fútbol. Son los mimbres con la que está tejida una novela tan corta como intensa, tan apreciada por el público como por la crítica, un libro que no ha dejado de crecer desde que se publicara el pasado año en Argentina. En España, La uruguaya, del porteño Pedro Mairal, lleva ya cinco ediciones a la espera de ser traducida a varios idiomas y de su adaptación cinematográfica. Es eso que llaman en el teatro de Broadway y el cine de Hollywood un sleeper, un éxito durmiente que brota de forma inesperada gracias sobre todo al boca a boca, aunque el autor, de 47 años, ni es un primerizo ni un escritor clandestino.

“Hay libros que viajan. Y este es un libro viajero. Un poco como Una noche con Sabrina Love [su primera novela, que interpretó en el cine Cecilia Roth]. Pero también mi novela Salvatierra se tradujo al yoruba en África... Puede que La uruguaya tenga el morbo de que la gente quiere saber qué le va a pasar a este tipo casado, en los cuarenta, que se pasa a Montevideo en busca de un dinero y sobre todo de una chica mucho más joven”, explica Mairal en Madrid, tras recibir el pasado martes el premio Tigre Juan en Gijón por esta novela de 140 páginas, publicada por Libros del Asteroide y escrita en primera persona, a modo de confesión a la esposa del protagonista.

“Vengo del ambiente de la poesía y el círculo de lectores es pequeño. Que esta novela haya cruzado el Atlántico y se lea con tanto interés no deja de sorprenderme. Uno escribe en soledad y oscuridad sin saber bien lo que está haciendo… Después tirás una piedra al agua y que los círculos lleguen tan lejos es una sorpresa. Es curioso, me parece que el libro se entiende mejor en España que en México. Puede ser porque los españoles agarran mejor los modismos argentinos, por la ironía…”, prosigue el autor, extrañado por el uso extendido en España del adjetivo “acojonante”, que pronuncia con delectación, alargando las sílabas.

¿Escribió pensando en llegar a un público amplio, agitando en la coctelera temática ingredientes siempre presentes en los superventas? “De golpe, este libro tiene elementos que se combinaron bien, más allá de mí. Antes, estuve 10 años sin hacer ficción. Escribí muchos artículos, crónicas de viaje, columnas, blogs, y desarrollé un tono más coloquial, sin querer perder precisión verbal, claro, pero sin ser muy lírico, sin hacer eso que se llama alta literatura. Sí me permití, digamos, explosiones creativas del lenguaje que obedecen a la trama, como cuando el protagonista está convencido de que su mujer le engaña con un médico y suelta una diatriba contra estos o cuando se intoxica, fumado y borracho, y el lenguaje se arremolina de un modo medio lírico. Pero, en general, todo confluyó en un estilo más confesional”.

El nombre propio de la uruguaya es Magalí Guerra. El protagonista del libro, el escritor Lucas Pereyra, casado y con un hijo, la conoce en un festival literario en Uruguay, que no se salva de la ironía feroz que impregna toda la novela. Un año después, planea un viaje de Buenos Aires a Montevideo para cobrar un dinero (evitando las restricciones cambiarias de Argentina) y sobre todo reencontrarse con la hermosa joven. “Me doy cuenta de que el protagonista provoca mucha identificación y no solo en los hombres. Evidentemente, las mujeres también se sienten encerradas en sus parejas, tienen amoríos mentales como el del personaje. Esa válvula de escape no corresponde solo a los hombres”, comenta el autor, cuya última novela ha recibido entusiastas recomendaciones de escritoras como Leila Guerriero o Guadalupe Nettel.

Hay preguntas que por muy tópicas y facilonas que suenen son difíciles de evitar, sobre todo en estos tiempos abonados a la autoficción que coloniza las librerías: ¿qué hay de autobiográfico en el libro? “Usé muchas cosas de mi vida para el personaje y también inventé y exageré. Con mi familia, mi mujer y yo tuvimos que organizar un domingo un asado y explicar que no estábamos separados. La gente se lo toma todo de manera muy literal. Es un juego peligroso y tiene su coste. Pero a la vez, el lector siempre te inventa. Mi madre tenía en la mesa de luz una foto de [Albert] Camus, pero seguramente su Camus no tenía nada que ver con el mío. No hay que aclarar qué es verdad. Hay un morbo legítimo en la lectura”.

También suscita morbo conocer quién interpretará a la uruguaya en la versión cinematográfica cuyo guion están preparando el propio Mairal y el escritor Hernán Casciari. “Estamos pensando en una joven actriz uruguaya. Ya veremos. El cineasta y psicoanalista Diego Peretti quiere codirigirla y Jorge Drexler quiere hacer la canción final”, señala el escritor, que maltrata y zarandea a su patético, divertido y reflexivo protagonista.

Recibe incluso más palos que el Quijote de Cervantes. “Podría ser una buena comparación, porque también pienso que hay que maltratar al personaje. Hay una historia en la medida en que maltratas al personaje, poniéndolo a prueba y de ahí va saliendo su personalidad. Al pobre Quijote le apalean dos veces. A mi personaje las cosas no le salen como desea. La distancia entre deseo y realidad siempre funciona en la literatura. Eso es el Quijote. Todos somos un poco así, vivimos con nuestro mundo inventado y todo el tiempo nos damos contra la realidad. Así funciona Uruguay para los argentinos, como el paisito bueno donde vamos de vacaciones, pero en la novela no es así”.

El día en que Valdano se hizo intelectual
En ‘La uruguaya’ aparecen numerosas referencias a la actualidad, también futbolística. Las menciones a los delanteros Sebastián Abreu y Luis Suárez parecen obligadas al transcurrir la acción en Montevideo. “No hay nada que no sea literario. Todo depende de cómo lo mirás. Es verdad que escritores argentinos como Oswaldo Soriano, pero también el uruguayo Eduardo Galeano, se abren al mundo popular del fútbol y lo legitiman. No sabía que Valdano había ayudado también España en este sentido. De Valdano me gusta pensar que se convirtió en un intelectual el día en que Maradona no le pasó el balón, y eso que iba solo corriendo a su lado, en su famoso gol contra los ingleses [en el Mundial de México de 1986]. Valdano piensa mucho el fútbol desde dentro y eso es bueno”.


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