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Ciudad Libro: la literatura toma los murales de Lima

Por Juan Carlos Fangacio Arakaki

El Comercio (Pe)

Salvo algún recluso incurable, de aquellos que se sentirían más cómodos escribiendo en una caverna, todos los escritores hacen una literatura indesligable de su lugar de origen o residencia. Sea como un retrato vívido y realista o como una proyección delirante y distorsionada, la ciudad es siempre insumo clave e influencia inevitable. La tierra llama.

Lima es, cómo no, una ciudad muy literaria. Desde las tradiciones de Ricardo Palma hasta los cuentos tristes de Luis Loayza, han pasado siglos de feroz transformación, pero siempre con una esencia muy nuestra: una que se observa, se escucha, se huele y se siente en las calles. Esa diversidad de percepciones provoca que Lima sea una ciudad que puede leerse. Y el proyecto Ciudad Libro intenta explotar esa cualidad.

“Ciudad Libro es una ruta literaria a través de murales en diversos puntos de la ciudad –explica Marco Sueño, artista impulsor del proyecto–. Se ha basado en una investigación sobre autores peruanos y sobre los distritos que los ayudaron a inspirarse y escribir. Es una especie de circuito que tiene como punto de partida el arte urbano”.

El primero de los murales de esta serie se develará mañana en la avenida José Olaya de Chorrillos. Estará dedicado al poeta Luis Hernández, un escritor que en los últimos años ha gozado de una asombrosa revaloración, con especial conexión con los lectores jóvenes.

“Hernández fue un escritor que vivió buena parte de su vida en Jesús María, pero Chorrillos fue un lugar importante para él. La Herradura y Agua Dulce son dos lugares que están muy presentes en sus poemas y sus cuadernos”, agrega Sueño. Por eso el mural que se mostrará al público será una especie de cuaderno abierto del que brotarán sus inspiradas líneas.

Paredes y páginas

La idea del proyecto, además de la obvia oportunidad de dar a conocer a diferentes escritores, consiste en permitir que la propia gente de los barrios selle un vínculo más íntimo con los autores. Una sensación de pertenencia que no tiene por qué quedarse únicamente entre las páginas de los libros.

Después del mural dedicado a Hernández, se comenzará a producir nuevos murales en otros puntos de la capital, cada uno con diferentes técnicas y propuestas artísticas, pues se busca que cada una de las obras tenga una identidad propia.

En tiempos en que el arte del muralismo muchas veces acaba por ser borrado, erróneamente equiparado al mero vandalismo por las autoridades, Ciudad Libro nace como una propuesta independiente que se sustenta con el apoyo del Ministerio de Cultura, la Casa de la Literatura Peruana, el Centro Cultural Cine Olaya, la editorial Peso Pluma, la Gerencia de Cultura de San Isidro, y otras ayudas desinteresadas, por intermedio del ‘crowdfunding’.

“Dicen que la gente en general no lee, pero tenemos una tradición literaria valiosísima que debe aprovecharse”, agrega Marco Sueño. De tener éxito, el proyecto buscará expandirse y, quién sabe, llenar de arte y literatura a la usualmente gris Lima. Un homenaje a los escritores, sí, pero también un homenaje a la ciudad.

Próximos murales

Alfredo Bryce Echenique

El San Isidro de mediados del siglo XX, de la clase alta limeña, espléndidamente retratado en la primera novela del autor, también será interpretado en un mural. Se inaugura el viernes 29 de setiembre en la avenida Rivera Navarrete 665.​

Sebastián Salazar Bondy

Su mural se ubicará en el número 393 del jirón Apurímac, la calle del Centro de Lima donde creció el hombre que, inspirado en un verso de César Moro, hizo famosa la frase “Lima la horrible” en su recordado ensayo. Se inaugurará el miércoles 4 de octubre.

Enrique Congrains

La cuadra 2 del jirón Quilca, en el Cercado de Lima, es el lugar escogido para homenajear al autor de “No una, sino muchas muertes”, un maestro de los personajes marginales de nuestra capital. Se develará el martes 10 de octubre.

Nicomedes Santa Cruz

​El sábado 14 de octubre, en la cuadra 1 del jirón Chiclayo, en el Rímac, se presentará el mural que incluye algunos versos del famoso decimista. Una demostración de que la literatura también puede tomar forma de otras artes alternativas, como la música.