Revista Pijao
Cien años de Germán
Cien años de Germán

Este sábado 23, Germán Vargas Cantillo cumple cien años de haber nacido, en Barranquilla. Como los otros tres amigos de Aureliano Babilonia (Gabriel, Álvaro y Alfonso), Germán nació en marzo.

Tenía apenas siete meses cuando su familia debió trasladarse a Bucaramanga, de donde era su padre, Ciro Vargas. Estaba en tercero de bachillerato cuando Ciro murió, y Germán decidió venirse a Barranquilla a probar suerte y ayudar a la familia. Se inició como locutor en un programa radial de la Cruz Roja, escribió notas de cine y literatura y leyó noticias en La Voz de Barranquilla y ‘El Diario Hablado’, de Emisora Atlántico.

Profesor de Historia y Literatura, Germán inició su carrera periodística en ‘El Heraldo’ e ingresó en 1944 como redactor a ‘El Nacional’, en el que escribió, con el seudónimo de Max, ‘La nota intrascendente’, una columna llena de humor, ejercida con toda la ironía que le provocaba el mundo.

Cuando Eduardo Zalamea Borda publicó los primeros cuentos de García Márquez en ‘El Espectador’, Germán los leyó y llamó la atención de la gente por el arribo de “un cuentista muy importante”.

En 1950, Gabito dedicó su primera novela, ‘La hojarasca’, a su amigo Germán, también entonces su primer lector. En la adaptación que Gabo hizo para la radio de la novela de Olga Salcedo de Medina, ‘Se han cerrado los amigos’, Germán fue el narrador.

Corresponsal de ‘Semana’, fue Germán quien dio nombre por vez primera al Grupo de Barranquilla, tras una referencia que hiciera Próspero Morales Pradilla. Germán coordinó desde La Cueva el envío de la postal con un billete de cien dólares a un Gabo sin recursos en París. Germán pidió a Enrique Scopell enviarle el tratado sobre gallos de pelea, para ayudar a ambientar ‘El coronel...’ Germán recorrió numerosas editoriales buscando imprimir esa novela. Y fue Germán quien pronosticó que ‘Cien años de soledad’ “habría de hacer mucho ruido”.

Germán “tenía los ojos de un verde luciferino” apuntaría Alfonso Fuenmayor. Ojos refulgentes y descubridores. Ojos de lector. Fue el crítico más prestigioso del país y el juez más reiterado en concursos literarios. Lo llamaban ‘el Jurado eterno’. Como él mismo decía, con ironía, “vivo del cuento”.

Casado con Susana Linares y padre de tres hijos (Darío, Mauricio y Eulalia), Germán retornó en 1980, tras 22 años de ausencia, a Barranquilla, donde había sido más feliz. Regresó a ‘El Heraldo’, el diario de su amigo Juan B. Fernández, que adelantaba un proceso de modernización, requería de sus servicios y volvía a darle un motivo.

Inolvidable, su columna ‘Un día más’ nos comprobó su sarcasmo pero también su fe en la humanidad. Perfeccionista, Germán no quiso ser un escritor del montón. Escribió ‘La violencia diez veces contada’, otros libros periodísticos y ocho cuentos que no resistieron su autocrítica y terminaron en la basura. “Vi que podía, en cambio, escribir ensayos, crónicas, semblanzas. Y enfoqué mi actividad por ahí”.

También fue director del Instituto Nacional de Radio y Televisión (Inravisión). Yo tuve la fortuna de disfrutar durante años su amistad y su exquisito humor negro en largas y fabulosas tandas de café.

En 1991, Germán dijo estar escribiendo el perfil de Vidal Echeverría, un poeta raizal con acento español. Otro sobre José Félix Fuenmayor y una biografía secreta de Cepeda Samudio. En eso andaba cuando en la mañana de un martes, con Susy y los muchachos lejos de Barranquilla, y mientras se aprestaba a tomar su ducha, la muerte se lo llevó en la misma forma discreta, silenciosa y solitaria en que él había intentado llevar su vida.

En La Cueva brindamos, Germán, por tu existencia. Nos haces una falta enorme.

HERIBERTO FIORILLO

Tomado de El tiempo


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