Revista Pijao
Alonso Cueto: “El chisme es el gran motor de la vida limeña”
Alonso Cueto: “El chisme es el gran motor de la vida limeña”

Por Enrique Planas

Un día, en una reunión, escuchó a una elegante mujer admitir resuelta: “Yo haría cualquier cosa para no divorciarme. Si mi marido estuviera con otra, contrataría a alguien para que seduzca a su amante”. En otra ocasión, el escritor escuchó chismes sobre la existencia de servicios sexuales de ese tipo: gigolós especializados en seducir mancebas. Con estas historias en la cabeza, Alonso Cueto empezó a escribir “La segunda amante del rey”, una novela policial sobre el oportunismo de las clases acomodadas, las aspiraciones de éxito y las ambiciones de los limeños de hoy. Una historia en la que el chisme campea y en la que, aunque nadie sabe lo de nadie, al final todo se sabe. “El chisme es el gran motor de la vida limeña”, comenta el escritor, visiblemente recuperado de una complicación operatoria que, el verano pasado, lo hizo mirar de frente a la muerte, protagonista de buena parte de sus novelas.

— Dicen que estuviste cuatro minutos muerto en la mesa de operaciones. ¿Es verdad?

​Eso no lo sé. Me parece imposible. Aunque tuve a un gran cirujano, el doctor Sánchez Vizcarra, por algún motivo las cosas se complicaron. Una operación larga y delicada como la que tuve incluyó algunos incidentes inesperados. Con la baja de hemoglobina y la necesidad de transfusiones pensé en la muerte como algo concreto. Cuando estaba en la sala de cuidados intensivos, el tiempo era interminable. Para luchar contra los malos pensamientos, empecé a recitarme todos los poemas que conocía. Quevedo, Góngora, Gorostiza, Vallejo, Neruda. También fragmentos de novelas y de obras de teatro. Trozos de canciones, de sinfonías. Y cuando terminaba, empezaba de nuevo.

— Te sentías reo de tu propio cuerpo...

​Así es. Tú le exiges al cuerpo hacer cosas todo el tiempo, pero hay un momento en que este te dice que no puede hacer más, que necesita que tú vivas para él, que estés a su servicio. En mi caso, invocar a la literatura, a la música fue como abrir una trinchera contra la posibilidad de la muerte. Agradezco la ayuda de mi familia y la de muchísimos amigos que llamaron y fueron a la clínica. Eso me conmovió y me asombró. Creo que es bueno confrontarte con la muerte, porque la muerte es lo que le da sentido a la vida. Te recuerda tanto tu vulnerabilidad como que hay otras personas capaces de transmitirte su fuerza.

— Un accidente en moto y los días en la clínica le hicieron a Cortázar escribir un cuento tan genial como “La noche boca arriba”. ¿Esta experiencia la plasmarás en una novela?

Hay un proyecto literario, pero voy a esperar que pase el tiempo. La distancia es necesaria. He llevado un diario, unos apuntes. Cuando volví a casa, no sabía si podría volver a hacer las cosas como antes. Escribir un artículo o la página de una novela, dictar una clase. He ido descubriendo que puedo hacerlo. Redescubrir de lo que soy capaz me ha dado una gran alegría.

— ¿Así se manifestó tu miedo?

​Era miedo, sí. Miedo a no poder hacer las cosas más elementales. Descubres que darle una vuelta a la manzana puede llegar a ser una aventura.

— Hablemos de “La segunda amante del rey”, tu nuevo libro. ¿Por qué no tenemos en el Perú una tradición de novela negra?

Hay que inventarla. Cuando uno habla de novela negra en el Perú es un descubrimiento. El esquema de la novela policial funciona para entender muchas experiencias de la vida diaria. Las experiencias de transgredir la ley, el castigo, la redención. Eso está en nuestros genes desde Adán y Eva, que es, de cierto modo, la primera historia policial. A mí realmente me ha asombrado escribir este libro. No sé de dónde he sacado estos personajes tan terribles.

— ¿De repente te está afectando la actual coyuntura política?

​[Ríe] Espero que no nos contamine, pero sí creo que vivimos en un momento de tremenda importancia. Este es un gobierno que tiene la capacidad, las intenciones y las ilusiones de hacer algo importante. Pero se enfrenta con un Congreso que trata de impedir a toda costa que tenga éxito. Me hace recordar al primer gobierno de Belaunde, que llevó luego al golpe de Estado. La situación que vive hoy el Perú es muy parecida.

— Vuelves a enfocarte en la clase alta limeña en una historia criminal. ¿Cómo sería el retrato hablado de esta clase social?

​Hay de todo, por supuesto. Pero encuentras características que nos vienen de la Colonia: la ignorancia con respecto al resto del país, la ostentación, el racismo. Y allí tienes sus dos emblemas principales: el whisky y Miami.

— ¿Qué caracteriza el mundo de los detectives en Lima?

No soy un experto, pero sí he visto casos de detectives que investigan dos cosas: robos en empresas y adulterios. De eso viven básicamente.

— ¿Cuál es el reto al escribir una novela que comienza con un adulterio para no repetir el lugar común?

El adulterio es una de las tramas más socorridas. Efectivamente, cuando uno entra en ese tema, tiene que encontrar otra manera para abordarlo. En la primera escena de la novela, por ejemplo, cuando él le confiesa a su esposa que va a dejarla, lo que me interesaba contar no era lo que él dice, bastante convencional, sino la reacción de ella, de absoluta comprensión y tranquilidad. Así empezamos a preguntarnos a qué se debe esa reacción. El comienzo de una novela debe romper con las convenciones.

— En esta novela construyes el personaje de una detective. ¿Qué define la mirada femenina de una investigadora privada?

​Me interesaba desde el comienzo tener una detective mujer. ¿En qué se pueden diferenciar de sus colegas hombres? Las mujeres tienen un sentido especial para los detalles. Cuando entran a una habitación por segunda vez, pueden darse cuenta de qué es lo que ha cambiado. Los hombres no se preocupan por los detalles. En eso se parecen a los escritores. Asimismo tienen una mayor capacidad para comunicarse. Y me parece, por lo general, que son menos corruptibles que los hombres.

— En la novela narras la existencia de servicios sexuales masculinos, ya no solo de prostitución, sino especializados en seducir a las amantes de los maridos adúlteros. ¿Hemos llegado en Lima a ese nivel de especialización?

​Mira, eso es algo que me contaron. Es algo que pasó aquí. Si es un invento, no lo sé. Pero no lo veo imposible. Es una prueba de la frialdad y el cálculo del personaje protagonista. La imaginación maléfica de las personas no tiene límites.

— ¿Es el peligro que entrañan las ilusiones, el gran tema de la novela?

Sin duda. Uno nunca puede renunciar a la ilusión. Es lo que te mantiene vivo. Puedes vivir en la peor de las condiciones, pero no sin la idea de que algún día podrá cambiar tu vida. Y, sin embargo, hay que saber diferenciar entre una esperanza razonable y una ilusión. Esta novela es sobre el riesgo y los límites de la ilusión.

 

Con información del diario El Comercio (pe)


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