Reseñas

'Pero hermoso', un libro de jazz

Por Jaime Andrés Monsalve

Especial para la revista Arcadia

 

"Psicopatía constitucional manifestada a través de la drogadicción, el alcoholismo crónico y el nomadismo”. Diagnóstico del dispensario militar luego del accidente de uno de sus cadetes. Nueva York, principios de los treinta. A manera de curioso colofón, el médico agrega una sentencia irredimible: “Jazz”. Una referencia imposible de rastrear que habla de ese joven Lester Young que ya acusaba rasgos del futuro saxofonista, el hombre del sombrero estilo porkpie que al final de sus días, perdido en la nebulosa, desde un cuarto de hotel ejercía indiferente vigilancia a la puerta del célebre Birdland, donde tocaron todos, incluido él, el genial Prez.

 

De antemano uno sabe que la vida de los grandes músicos del jazz se presta para la hipérbole. Por complejos, desmesurados, volátiles, furiosos, geniales. No es de extrañar que este asombroso ejercicio literario entre la ficción y la realidad haya nacido sin querer, como quien improvisa un solo. Las historias de los jazzistas superan las lógicas de lo real, como su música misma, y el inglés Geoff Dyer no pretendía sino incluir algunos detalles pintorescos a crónicas de hechos reales. En algún momento pensó incluso en iluminar el entramado con pies de página para separar lo real de lo imaginario. Luego se dio cuenta de que estas postales retocadas funcionaban como standards de jazz en los que cada quien, de acuerdo con su gusto por el género, podrá adivinar a quién se cita y qué proviene de la imaginación proverbial del autor.

 

¿De veras el público de un concierto de Duke Ellington vio al contrabajista Charles Mingus perseguir a un compañero de banda, hacha en mano? ¿Es cierto que la costumbre inveterada de consumir sin pagar llevó a Chet Baker a que un traficante le tumbara los dientes? ¿Era Thelonious Monk el diletante al que lo asombraba el elemental acto de cruzar un portal? Esas respuestas, fáciles de conseguir en la menos informada de las enciclopedias de jazz, toman en Pero hermoso un vuelo inesperado, tan solo comparable a la experiencia de escuchar con ojos cerrados a Ellington, Mingus, Baker o Monk.