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Reseñas

Ese algo más de verdad que da la literatura

Ese algo más de verdad que da la literatura

Por Ana Prieto   Foto Diego Díaz

Revista Ñ

El mundo emocional de los personajes de Peter Stamm parece simple pero es todo menos eso. Detrás de la prosa frugal y descriptiva de este multipremiado y multitraducido escritor suizo, hay mujeres y hombres que se dan cuenta de que la vida es demasiado corta cuando es demasiado tarde, y que intentan tomar las riendas de su destino cuando acaban de colocarlo en un portarretratos. En su última novela, Weit über das Land (algo así como “Muy lejos del país”, aún no traducida al castellano), un atento esposo y padre de familia decide abandonar el hogar sin aviso previo mientras su mujer está durmiendo a sus hijos. No da explicaciones, no deja notas, y todas sus motivaciones parecen condensarse en la descripción que hace Stamm del vecindario en el que viven: setos prolijos y bonitos que, de noche, proyectan “un área de oscuridad de la que no hay escapatoria”.

Los personajes de Stamm suelen hacer peregrinajes heroicos a su modo; viajes de iniciación tardíos que se engullen con melancolía.

–Estudió psicología e hizo una residencia en un psiquiátrico. ¿Qué le dice una ciudad tan psicoanalizada como Buenos Aires?

–Primero, que tiene una evidente conexión con Europa. Y, desde luego, que hay problemas. Toda su historia ha sido bastante difícil, no tengo que decírtelo. Lo que no sé es por qué la gente en Europa ya no se analiza tanto. Tal vez ahora se trata de comprar aparatos; de hacer una terapia de compras.

– ¿Encuentra una relación entre el psicoanálisis y la literatura?

–Sí. Cuando comencé mis estudios estaba buscando respuestas; quería entender cómo funcionaban las cosas. Y descubrí muy rápidamente que con la psicología no estaba entendiendo demasiado. Además estudié principalmente psicología conductual, que desea tan intensamente ser científica que se vuelve, en un punto, demasiado básica. Sentí que en la literatura quizás había algo más de verdad: no hay que ser científico ni encontrar respuestas generales: lo que hacés es estudiar casos. Tal vez en eso se relaciona con el psicoanálisis; indagás en una persona, no en todo el mundo. Si hablás de todo el mundo no vas a encontrar respuestas nunca.

–En una entrevista dijo que “el arte consiste en controlar la imaginación”. ¿Puede profundizar?

–Cuando los jóvenes empiezan a escribir, todo se trata de imaginar, de tener ideas, de “ser original”, de “ser gracioso”, de encontrar una historia que nadie haya contado. Y eso no es todo. La imaginación es solo una parte muy pequeña de la escritura. Todos tenemos ideas; tenerlas no es lo difícil. Es decir, si te fijás en lo que escriben los niños en la escuela, te das cuenta de que tienen las ideas más ocurrentes que puedas imaginar, pero eso no es literatura. La forma es lo importante; no el contenido. Hay mucho contenido. El mundo entero es contenido.

– ¿Y cómo transforma ese contenido en literatura?

–Suelo comparar los trabajos literarios con organismos vivos, en los que cada parte está en relación con otra formando un sistema. Se trata de eso: de un ecosistema que funciona, sin demasiado de nada. Un sistema, en cierto modo, sin conexión con el exterior...

– ¿Así de aislado?

–Bueno, es como si pudieras decir que Dios no necesita a Dios. No soy creyente; es solo una imagen que uso. Si creemos en Dios, creemos que él creó un mundo que funciona por sí mismo. Un libro terminado ya no necesita al autor: ya no puede cambiar nada; ya no puede intervenir.

–La geografía suele ser un personaje en su obra. En Paisaje aproximado, es más que evidente. ¿Qué lo atrajo de ese entorno nórdico helado y arisco?

–Llegué a esa región del norte de Noruega como periodista. Allí fue donde empecé a pensar en la novela. Al principio quise que se tratara de Thomas, el personaje que miente. Pero luego me di cuenta de que los mentirosos no son interesantes. En cambio su esposa, Kathrine, sí lo era. Conocí a una mujer allí con la que charlé una hora y que en nada se parece a Kathrine, pero que sí tenía una manera de perderse en el paisaje que me atrajo. Eso fue todo.

– ¿Los mentirosos no son interesantes?

–No lo son. Ni siquiera se dicen a sí mismos la verdad; son una máscara sin nada detrás. Lo interesante, en todo caso, es lo que ocasionan en otras personas.

– ¿Qué tipo de periodismo hacía?

–Reportajes de largo aliento. Trabajaba con fotógrafos, viajaba y escribía sobre lo que veía. No eran noticias. Eran combinaciones de realidad y literatura.

– ¿Lo disfrutaba?

–Sí, mucho. Pero la economía del freelancer es difícil.

–En varios de sus relatos predominan las voces femeninas. ¿Le resulta más fácil escribir sobre mujeres?

–Diane Arbus dijo: “Lo que nunca vi antes es lo que reconozco”. Creo que es más fácil reconocer como distinto algo sobre lo que no sabés nada. Y, por supuesto, las mujeres siempre me han interesado: las observo desde hace mucho; intento entenderlas, me intrigan y, en cierto modo, son lo desconocido para mí. También encuentro una cierta tensión. Me gustan. Incluso cuando no se trata de sexo, siento una cierta atracción por mis personajes femeninos.

 ¿Alguna vez le han reprochado la ausencia de política en sus libros?

–Sí, hace poco tuve esa discusión en Suiza. Yo estoy del lado no político. Pero hay que tener en cuenta que, en especial en Suiza, las cuestiones políticas son cuestiones técnicas. El sistema funciona bien.

– ¿No hay problemas?

–Diría que el sistema funciona. Así que no se trata de cuestionar al sistema. Se trata de ocuparse de cuestiones que tienen que ver con la ecología o los derechos laborales, pero siempre desde el punto de vista técnico, no filosófico.

– ¿Y respecto de sus intereses políticos?

–Claro que los tengo. He sido miembro del Partido Verde por más de 30 años. Solo que no pongo política en mi literatura. Puede que escriba algo para el periódico, pero no en mis libros. Mi novela Agnes, sin embargo, está siendo leída en las escuelas como “un libro de nuestro tiempo”, y ahí es cuando me doy cuenta de que, de algún modo, sí es político. Porque trata sobre las imágenes que uno hace sobre uno mismo. Y cuando hablo con adolescentes, veo que para ellos es todo un tema hacerse fotos de sí mismos y tener cuentas en Facebook. De modo que es un tema extremadamente político, pero nunca lo había pensado de esa manera.

– ¿Cuándo sabe que lo que está escribiendo será un cuento o una novela?

–Bastante pronto. Por lo general, cuando empiezo a escribir, sé si el resultado final tendrá 10, 20 o 30 páginas, si será una novela larga o corta. No se trata tanto del contenido en sí, sino de la manera de encarar el trabajo. Si salís de excursión tenés que saber si vas a estar fuera durante todo el día o solo por una hora. Si vas a pasear por el parque vas a llevar menos cosas que si vas a subir una montaña. Todo tiene que ver con la preparación. Y cuanta más acción haya en una historia, la expedición será más corta. No puede haber acción en 400 páginas. Sería terrible.

Noche es el día, Peter Stamm. Trad. J. A. Campos. Acantilado, 176 págs.


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