Reseñas

El inicio de una historia de sombras y de precisión

"¿Quién era Capote antes de ser Capote?", se pregunta esta novedosa edición de sus primeros cuentos que hace cuestión de meses llegó a las librerías. Y cada lector llegará a sus propias conclusiones recorriendo estas poco más de 100 páginas, pero habrá una que será común a todos: antes de destacarse con el obligatorio A sangre fría o con Desayuno en Tiffany, Truman Capote ya era un escritor, ya se lo podía definir así.

Los textos que conforman Los primeros cuentos estuvieron en la Biblioteca Pública de Nueva York durante varias décadas, hasta que el editor suizo Peter Haag, y su pareja Anuschka Roshani, los rescataron del olvido y les dieron la posibilidad de salir a la luz.

Son 13 cuentos más o menos breves, en los que la calidad de su escritura lo acapara todo. Capote tenía ya desde sus comienzos un ritmo sofocante y frío para construir historias pequeñas y oscuras, pobladas de personajes tenebrosos, que no llegan a ser historias de terror o relatos negros pero que bordean el espanto.

Aquella precisión que tuvo para construir A sangre fría, el estadounidense ya la había empezado a pulir desde sus primeros ensayos como autor, en los que tiene facilidad para construir perfiles a partir de la síntesis y la sobriedad: no necesita demasiado para convertir a sus personajes en viejos conocidos, llenos de sombras pero con algunos instantes de luz —algunos, solamente— que van marcando la dinámica de este testimonio más que interesante, que trae más datos del autor.

Los primeros cuentos

De: Truman Capote. Editorial: Lumen. Distribuye: Penguin Random House. Páginas: 133.