Reseñas

'A pesar de la noche': los fantasmas de la violencia

Por Camilo Amaya

Martín encuentra en el altillo de la casa materna apartes del libro en que Sebastián, su padre, trabajaba en el momento de morir. Impresionado por la lectura, el joven se propone recuperar otros capítulos de la obra que llevan años desaparecidos. Completar y editar el trabajo del ser querido que perdió cuando era apenas un bebé se vuelve una obsesión para el muchacho, quien a través de ese ejercicio empieza un viaje en varios sentidos.

El libro de Sebastián es, a la vez, un recorrido por algunos de los pasajes más dolorosos de la vida nacional y un diario personal que le revelan al muchacho dos historias que lo determinan pero que apenas conoce. Comienza a finales de los años setenta, en medio de la paranoia de la Guerra Fría, y muestra a un Sebastián joven e idealista que trabaja como periodista para el diario El Espectador. Allí cubre temas como la toma de la embajada de República Dominicana por el M-19, los asesinatos de cientos de miembros de la UP o el holocausto del Palacio de Justicia. Al mismo tiempo que lucha por su libertad de expresión tiene que afrontar sus propios dilemas existenciales, buscándose a sí mismo entre rumbas pesadas, drogas, alcohol y amores efímeros.

En cierto punto, en las páginas comienzan a aparecer referencias a hechos históricos de los cuales Sebastián no hubiera podido escribir por ser posteriores a su muerte. La consolidación del paramilitarismo, la mano omnipresente del narcotráfico o los magnicidios ordenados por la ultraderecha militarista son algunos de ellos. Ese enigma llevará a Martín y a su familia a un descubrimiento que les cambiará la vida.

En esta novela, A pesar de la noche, del periodista Guillermo González Uribe, la ficción se abre paso entre la verdad histórica y la autobiografía. Sus protagonistas son fantasmas de las violencias pasadas que nos siguen habitando en el presente y muestra cómo los hilos de la historia tienden a ensortijarse en espiral hasta confundir el hoy con el ayer. Muestra, también, cómo es una misma tenue luz de esperanza la que sostiene a personas y naciones a pesar de la oscuridad en la que están inmersas; a pesar de las noches que no cesan.

Especial para la revista Arcadia