Entrevistas

El oficio de saber escribir

Por Fernán Cisnero

Especial para El País de Uruguay.

Uno podría llegar a pensar que la conmoción que hay en el lobby del hotel Alvear porteño, es porque ahí está recibiendo a la prensa el autor español que más vendió después de Cervantes. Pero no, ese despliegue de seguridad no es por Carlos Ruiz Zafón, sino por el presidente Mauricio Macri, quien entra apurado pero cuando se va es detenido por reclamos de selfies, a los que accede sin problemas.

La figura pública de Ruiz Zafón podrá generar menos revuelo pero con sus novelas —y principalmente la tetralogía iniciada con La sombra del viento (de 2003 y de la que vendió más de 10 millones de ejemplares) y que cerró con El laberinto de los espíritus (Planeta, 750 pesos), la novela que acaba de publicar— se ha vuelto el escritor español más popular en mucho tiempo.

Radicado en Los Ángeles desde la década de 1990, Ruiz Zafón nació en 1964 en la Barcelona que refleja en sus libros. Originalmente se dedicó a la publicidad pero ya desde sus primeras novelas (las reunidas en La trilogía de la niebla) de hace 25 años, es un escritor de tiempo completo.

Personalmente es un hombre simpático, bien dispuesto y que no disimula su amor por los dragones: lleva uno en la solapa de su saco. En sus novelas no hay dragones pero sí mucha imaginación y misterio.

—Recién pasó el presidente Macri y la gente le pedía para sacarse selfies. ¿Eso le pasa seguido?

—Es un mal del tiempo y le pasa a cualquiera que sea popular. La selfie es un modo de entender la realidad y a los que pertenecemos a otra generación nos choca, nos parece casi cómico. Pero hoy importa más la selfie que la firma en un libro. Antes se pedían autógrafos pero hoy son todas selfies, aunque no son tanto para el que las pide sino para colgarlas en las redes sociales. Es otro modo de pensar y relacionarse.

— ¿Usted se presta para las selfies?

—Si es durante una firma de libros y lo piden amablemente, sí, claro.

— ¿Y usted pidió?

—Me tomé una fotografía con alguien a quien admiro muchísimo desde niño y que considero, hizo cosas muy importantes. De hecho, no se la pedí porque me moría de vergüenza y fue su agente el que me dijo: "tú de aquí no te vas sin tu foto".

— ¿Quién era?

—John Williams, el compositor de bandas sonoras. Y hasta me regaló la partitura orquestal de Star Wars firmada.

— ¿Sus novelas tienen música de John Williams?

—Tienen música mía. Ya me gustaría que tuvieran música de Williams.

—Pero sí tienen su propia musicalidad.

—Mucha. Pienso en el lenguaje literario como en el lenguaje musical, y una cosa que necesito definir antes de empezar con ese material es cuál es la paleta de instrumentos. Pienso la literatura como si fuera música.

— ¿Y en ese sentido, cada personaje es un instrumento?

—Más que los personajes, es todo. Los personajes son elementos pero la música es la textura del lenguaje, lo que define la experiencia del lector.

—Siempre que se lo menciona se habla de la cantidad de libros que vendió, o que es el escritor español más leído después de Cervantes...

 

—Eso es como una carrera de galgos...

— ¿No le dan vértigo todos esos superlativos?

—No me importan. Lo positivo es que hay lectores de todos lados pero es poco sano pensar en ese tipo de cosas: no son más que un dato. Es como aquellos que se preocupan por la posteridad y se preguntan si serán descubiertos por las futuras generaciones. ¡Qué cosa más absurda! Y poco sana. Uno quiere hacer lo que quiere hacer y tratar de hacerlo bien. Si funciona bien y si no, también.

—Sus novelas tienen grandes estructuras, ¿cómo las va edificando?

—Es como hacer una película. Hay una fase de preproducción, de diseño y contextualización en la que se generan muchos elementos, incluso algunos que no se van a utilizar pero están ahí. Y ya hay material, personajes, tramas, subtramas, que voy pensando durante un tiempo. Después cuando veo que se generó masa crítica suficiente, paso al momento de generar lo utilizable aunque voy a descartar o rehacer; eso sería el rodaje. Luego viene la posproducción que es cuando sale lo que hay y hay que rehacer, construir, editar.

—Y como en el cine, ¿esa posproducción puede cambiar la dirección del libro?

—Sin duda. Reescribir es reescribir hasta la saciedad y reconstruir estructuras, subtramas, personajes. Siempre es una versión abierta.

— ¿Elimina mucho?

—Mucho, porque en el propio proceso se generan lo que llamo artefactos frívolos, que son cosas que uno ha hecho como si quisiera demostrar lo listo que es y lo bien que lo hace. Son cosas muy flashy pero que no están al servicio de la arquitectura del proyecto y son como egoístas. Eso debe desaparecer todo. Y cuando cierro un libro, tiro todo lo que sobra.

—Otro gran interés de su vida es la música. ¿Qué escucha cuando escribe?

—Tengo que ir con mucho cuidado con eso porque a mí la música me gusta demasiado y me distrae. Si pongo música la escucho. Me ha pasado que si pongo una pieza musical para trabajar al rato descubro que lo que estoy haciendo es escuchar el juego de contrapunto, cómo se construye la sección de cuerdas. Y ahí digo: ¿qué estoy haciendo? Y como sé que eso siempre me pasa, no pongo música. Pero en la etapa de posproducción ahí sí pongo música todo el rato.

—El comienzo de La sombra de los vientos ya es un clásico. ¿Cuánto le llevó llegar a ese "Todavía recuerdo aquel amanecer en que mi padre me llevó por primera vez a visitar el Cementerio de los Libros Olvidados"?

—Muchísimo. En el principio no sólo estás estableciendo tu propia paleta, sino que estás definiendo en el cerebro del lector un código de colores, como una señal de ajuste. Eso hay que establecerlo desde el inicio. Eso se hace en la primera frase, en la cadencia de ese primer párrafo. El tiempo que lleve y hacerlo mil y unas veces si es lo que hace falta, y hay que hacerlo porque, si no, no se puede seguir.

— ¿Y una saga que empezó tan fuerte, necesitaba un línea final igual de contundente?

—Hay un efecto espejo entre el primer libro y El laberinto de los espíritus. La última página de La sombra del viento tiene un espejo con el de esta. Tiene variaciones, claro, como en la música. Así es como yo trabajo, para que tenga el mismo efecto que en una pieza de música.

—Recién en esta última apareció un personaje como Alicia Gris. ¿Eso ya lo tenía pensado desde el comienzo?

—Alicia es un elemento resolutivo. Había que dejarla para el final porque ese era su momento. Si hubiera sido por mí la hubiera puesto desde el principio, pero aunque es mi personaje favorito la guardé hasta el final. No se puede poner toda la carne al asador al principio. Y para el gran final quería dejar un golpe y ella sintetiza lo que es esta serie.

—Si pensamos la novela como un film noir y sabiendo que usted se niega a ser llevado al cine, ¿qué actriz clásica sería Alicia Gris?

—Alicia tiene muchos perfiles pero es una femme fatale, que son complicados porque es una ficción literaria y cinematográfica que uno se la cree. Hay una actriz actual que es la que mejor hace de femme fatale que es Eva Green. Ella podría ser una buena Alicia Gris.

—Terminó la saga. ¿No teme sentir el nido vacío de todos estos personajes?

—A mí los pajaritos no se me van volando. Se me quedan ahí y se me van haciendo grandes. Y mis personajes próximos son parte de mí: Carax, Fermín y Alicia que siempre van a estar ahí como una Jessica Rabbit. No echo en falta los personajes porque ese mundo se queda, es mi propia voz.

EL CEMENTERIO DE LOS LIBROS OLVIDADOS.

La Sombra del Viento - 2001.

Fue la presentación de esta saga barcelonesa. Ubicada en 1945 se presenta a Daniel Sempere, Julián Carax, Fermín Romero de Torres y el cementerio de los Libros Olvidados, un lugar mágico.

El Juego del ángel - 2008.

Vuelven los personajes y esa Barcelona llena de secretos, pero ahora ubicada en la década de 1920, con más intrigas y la aparición de personajes misteriosos y nuevas subtramas.

El prisionero del cielo - 2011.

Salió a la calle con un millón de libros, porque la expectativa era grande. En ella se conocen nuevos detalles sobre Fermín y seguimos la vida de Daniel Sempere que está casado y tiene un hijo.

El Laberinto de los espíritus - 2016.

Aparece la gran femme fatale de la saga, Alicia Gris, que sale tras la pista de la desaparición de un ministro franquista. Eso trae detrás muchos más misterios.