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Ensayos

Las escritoras del Tolima

Las escritoras del Tolima

Revisando la amplia bibliografía nacional, salvo trabajos especializados que surgen en los últimos años hechos por mujeres, encontramos la particularidad de su omisión, nada extraño en la política de críticos o antólogos que las miran como producción marginal y provincial sin ninguna trascendencia. Un número de cincuenta autoras de libros, cuyas obras han tenido o tienen circularon cerrada, y algunos casos que tuvieron una difusión amplia en su momento, ofrecen la medida de una labor que no se categoriza.

Lo que tanto se ha planteado sobre el reconocimiento del espacio del otro, es decir indagar el papel de la mujer, en este caso frente a su participación en la literatura o en sus diversos géneros, hace suponer que se da en la medida de haber estado exiliada de la esfera del poder en sus varias facetas. Ese hecho de permanecer ignoradas para la crítica y para la inclusión de sus trabajos en antologías, obliga una mirada a sus publicaciones, buena parte de ellas aparecidas en ediciones de autor, editoriales de provincia, poco tiraje, circulación estrecha y la mayor parte de las veces, cuando alcanzaron sus obras la mínima atención de ciertos lectores, pequeñas reseñas en revistas y periódicos.

Para el caso de lo producido literariamente por mujeres nacidas en el departamento del Tolima, es curioso que, a pesar de tener una sociedad con profundos contrastes y violencia desbordante, poco se plasma en las obras de las autoras una actitud contestataria. El conjunto de textos y autoras nos conduce a examinar de qué manera han textualizado, revalorado o seguido procedimientos estéticos particulares y las razones por las cuales, por ejemplo, han preferido la poética a la narrativa y han dejado de lado el ensayo -la mayor parte de las veces- aunque se detecten casos particulares de quienes han alternado su oficio en ambas disciplinas, tal los casos de Luz Mery Giraldo y Gloria Triana.

De otra parte, se establecen los temas, estilos y tendencias de acuerdo a la época en que están comunicados y en donde la escritura se asume como actividad profesional o como tarea marginal y, en medio de todo, como búsqueda de caminos para expresar experiencias y deseos, romper silencios o dar a conocer un punto de vista. De unos modelos femeninos tradicionales que en la escritura y la mentalidad proyectan un romanticismo acorde a la moda y al corte de sumisión de época, se pasa, por fortuna, tanto en la forma como en los contenidos, a una nueva actitud. No hay que olvidar que en la literatura en general los sentimientos, los pensamientos, los ideales de las protagonistas nacían en la mente del hombre.  Ellos pensaban por sus protagonistas, actuaban por ellas; la voz femenina era en realidad producto de la imaginación de un hombre.

 

Escritoras tolimenses en el siglo XIX

Ya en los comienzos de la consolidación de la república, empieza a darse la aparición de las mujeres en los medios impresos. Entre las pioneras, surge en 1849 El Neogranadino, dirigido por Manuel Ancízar, esposo de Agripina Samper, la primera escritora tolimense. Esta autora de cierta trascendencia contó con la feliz circunstancia de ser hermana de otro valioso intelectual, José María Samper, escritor y fundador de diversos medios que hicieron época y hoy pertenecen de manera destacada a nuestra historia. Otro elemento que puede sumarse a un ambiente cultural propicio en aquella familia, es que la esposa de Samper es la más destacada escritora colombiana del siglo XIX, Soledad Acosta de Samper, cuya hija, Bertilda Samper Acosta, oriunda de Honda, sigue las huellas de sus padres como escritora.

Desde 1858 comenzaron a publicarse en los periódicos de Bogotá composiciones poéticas de Agripina Samper, quien encubría siempre su nombre con el de Pía Rigán. Dos años antes había contraído matrimonio con Manuel Ancízar y para escribir tuvo el ejemplo y el estímulo de su esposo y de su propio hermano, José María Samper.

Afirma Otero Muñoz que “predomina en sus poesías la nota melancólica, como si la contemplación de las ruinas de su ciudad natal, siempre lamidas por las aguas, en aquel punto correntosas del Magdalena y por las que en un tiempo cristalinas linfas del Gualí, hubiese engendrado en su espíritu ese irreductible sentimiento de tristeza que nos lleva a considerar con amargura aún los momentos de dicha de que nos es dado disfrutar. Tal característica está acentuada en la última poesía que escribió bajo el título de ¡Oh luna! sentida y postrimera queja que le arrancan los recuerdos del esposo muerto, de la patria y del hogar ausentes.

La participación activa de la mujer en la vida pública por encima de la tradición forjada en los quehaceres domésticos, pero concretamente en el plano escritural, es decir, de lectoras a autoras, ofrece un panorama diferente, si no masivo por lo menos inaugural, en una época que ofrecería la atmósfera para tiempos mejores. Inclusive la misma Soledad Acosta de Samper publica en París, hacia 1895, un trabajo antológico titulado La mujer en la sociedad moderna, en el que difunde los logros femeninos tanto de sus compañeras de género en Colombia como en el resto de Hispanoamérica, en Europa y los Estados Unidos.

Agripina Samper de Ancízar nació en Honda en 1831 y murió en París el 22 de abril de 1892. Bajo el seudónimo de Pía Rigán, como está dicho, fueron diversas las publicaciones que tanto en verso como en prosa ella difundió en variados periódicos y revistas. Algunas de sus poesías aparecen en el tomo Eco de los Andes  que editara su hermano José María Samper en 1869. La autora se educó en el Colegio de la Merced de Bogotá, ciudad en donde pasó la mayor parte de su vida y algunos años antes de fallecer se había instalado en Francia adonde fue en compañía de sus  hijos.

 

En el siglo XX

Al comenzar el siglo XX, quien aparece registrada como una narradora que se destaca es Uva Jaramillo Gaitán. La autora nació en el Líbano, Tolima, el 25 de enero de 1890.  La hija mayor de doce hermanos realizó sus estudios primarios en su ciudad natal y los de secundaria en el colegio de las señoritas Hartmann en el Líbano, desempeñándose un poco más tarde como profesora del mismo colegio. Hacia 1920 se trasladó a Manizales de donde era su padre y comenzó a publicar en periódicos de esa capital. Desde entonces ya empezaba a figurar entre mujeres escritoras ilustres y el conocido padre Fabo, en un capítulo denominado Las tres gracias, la elogiaba junto a Agripina Montes del Valle y Blanca Isaza de Jaramillo Mesa. Ganó varios concursos, entre ellos el abierto por la sociedad de mejoras públicas con su cuento Jazmín de plata. La cuentista y conferencista publicó además los relatos Memo, premio literario de Manizales, 1920, publicado en el periódico Renacimiento de Manizales, lo mismo que Rayos de luna  y  Sin cadenas, al tiempo que produjo el guión para la película Lágrimas silenciosas  que no se llevó a la pantalla. Otro relato suyo es Del pasado, publicado bajo el seudónimo de Laura D'Ävignon. Escribió las novelas El campanero, Corazón herido, Infierno en el alma, Maldición, el poemario Pétalos  y dos volúmenes de cuentos titulados Hojas dispersas. Trabajó varios años como redactora en La Voz de Caldas y se convirtió en religiosa eudista. Viajó en 1929 por Europa, de cuya experiencia apareció su Diario fugaz y se instaló en Barcelona en el convento de La Asunción. Más tarde estuvo trabajando en la normal de Maracaibo y en 1945 regresó a su patria ingresando al convento de las monjas del buen pastor. Finalmente vivió en el convento de Medellín donde escribió dramas y autos religiosos destinados a la formación moral de la juventud, donde se le conocía como Sor María de Bethania.

En una breve autobiografía, Uva Jaramillo menciona sus estudios escolares entre Manizales y el colegio del Sagrado Corazón de María en su ciudad natal, regido entonces por renombradas institutoras alemanas en donde trabaja después como auxiliar. Declara allí mismo que cuando era niña, su mayor ambición fue la de ser bruja y que desde infante su madre le enseñó las primeras letras, encontrándose con un placer que no abandonaría jamás. De otra parte, buscando afanosamente la posibilidad de acercarse al conocimiento de todo cuanto pudiera ser posible, tomó con inmensa pasión clases de piano y de francés. La disciplina adoptada la asumió con tal constancia, que sus ensayos musicales “fueron el tormento incesante de los vecinos”. Publicó en La novela Semanal, como otras autoras del país, entre ellas su coterránea Luz Stella, dos obras tituladas Infierno en el alma, en 1924 y El Campanero. En la primera, recrea las experiencias vividas en las montañas, en este caso Líbano y Villahermosa, y ofrece dentro de la corriente bucólica de la época el amor que le despierta la naturaleza. La obra costumbrista está dedicada a Tomás Carrasquilla a quien ella consideraba su maestro. En la segunda surge una acción sentimental y trágica.

Uva Jaramillo Gaitán publicó bajo el seudónimo de Laura D’Avignon y fue al convertirse en religiosa donde adoptó el de Sor María de Bhethania. Aparece en la Antología de poetisas hispanoamericanas modernas, cuya compilación para la editorial Aguilar de Madrid estuvo a cargo de Matilde Muñoz en 1946 y en Mujeres de América de Bernardo Uribe Muñoz que se publica en la imprenta oficial de Medellín en 1934. Se mencionan igualmente sus novelas Corazón herido  y Maldición, sobre las cuales apenas existen declaraciones de la autora.

Respecto a la crítica, Lucía Luque Valderrama la incluye dentro de un capítulo especial en Figuras femeninas de la novela en el siglo XX y en La novela femenina colombiana publicada en 1954, al tiempo que el escritor Carlos Orlando Pardo la incluye y la analiza en  Novelistas del Tolima Siglo XX.

Surge en la bibliografía colombiana, concretamente en el libro ¿Y las mujeres?, la chaparraluna Dolores Haro de Roca, nacida a mediados de 1899, quien aparece con poemas en la antología Poetisas americanas, de José Domingo Cortés, publicada en París en 1875

Quizá la primera mujer escritora que tiene un mayor renombre nacional en el siglo XX se ofrece con el surgimiento de María Cárdenas Roa, conocida con el seudónimo de Luz Stella, Ibagué, 6 de septiembre de 1899, fallecida en su ciudad natal el 18 de octubre de 1969, a la edad de 70 años. Fue Normalista Superior y ejerció la docencia durante varias décadas, al tiempo que fundó programas radiales para niños como Había una vez, La hora Luz  y El niño y la patria, a más de la radio-revista femenina Nosotras. Alcanzó varios importantes primeros premios en concursos nacionales de cuento, poesía y novela y figura en destacadas antologías literarias en Colombia y América Latina. Publicó varios libros: Rincón infantil, poemas y cuentos para niños, 1942 y 1950, con reedición en 1994 por Pijao Editores y un amplio estudio introductorio de Carlos Orlando Pardo; Viaje de canción en canción por el Tolima, poemas folclóricos, 1948; La ronda iluminada, poemas y cuentos infantiles, 1951; La llamarada, Pétalos y Sin el calor del nido, novelas cortas publicadas en la novela semanal de Luis Enrique Osorio. Dejó igualmente las obras de teatro Ambalá, La conspiradora y El milagro, al igual que los dramas Qué bodas de plata; El congreso de ratones, Juguetes cómicos, Comedia Sanjuanera y Comedia folclórica.

Por razones más o menos cronológicas estarían después la poeta, educadora y novelista Isabel Santos Millán de Posada, (1902-2002); Manira Kairuz, (1909-2001); Amina Cifuentes de Ardila (1913-1996); la compositora y poeta Leonor Buenaventura de Valencia, (1914); la autora de novelas, cuentos, relatos y enciclopedias costumbristas Blanca Álvarez de Parra, (1916-1995); la compositora y autora de teatro y cuadros de costumbres Raquel Bocanegra de Galviz, (1921-2001); la consagrada periodista y poeta Lola de Acosta, (1922); la activista, poeta, columnista y autora Cecilia de Robledo, (1922-2004); Manuela Olmos (1930); la poeta Graciela Echeverry de Ocampo (1933); al igual que María del Pilar Gutiérrez, Mapy, (1944) pintora y cuentista con varias publicaciones en España y una entusiasta aceptación de la crítica; la novelista, ensayista, periodista y poeta Maria Ligia Sandoval Aranda (1945); la poeta Cecilia Rojas Cárdenas (1946) y Zoraida de Cadavid, (1946) periodista, poeta y novelista, lo mismo que María Cristina Rivera, (1946) poeta y primera canciller de Colombia en el exterior.

Sobre las mujeres nacidas hacia mediados del siglo XX hasta la década de los años 70, el inventario refiere a Rosalba Suárez, pintora, poeta y novelista, (1952); Julia Mercedes Castilla Santofimio, (1954) actualmente en los Estados Unidos y autora de libros para niños con gran éxito, varias ediciones en inglés y garantizada circulación en la editorial Norma y Luz Mery Sánchez, (1956) del Guamo, con dos libros publicados y positivos comentarios a obras suyas en la revista de la Casa de poesía Silva. También se encuentran con un trabajo riguroso de obra en marcha Myriam Alicia Sendoya (1950); Emperatriz Escamilla (1950); Cecilia Arbeláez (1951); Maria Victoria Doza, (1952); Luz Mariela Santofimio (1953); Hilda León (1953); Patricia Coba, (1956); Myriam Castillo (1956); Ivonne Prada, (1956) Gloria Constanza Monroy (1958); Marta Faride Estefan (1958); Esperanza Carvajal (1964); España Vélez Nieto (1963); Fabiola Díaz (1964) y Ana María Rivera (1967).

Como de actual trascendencia y con vigencia nacional, además de María del Pilar Gutiérrez y María Mercedes Castilla, se encuentra Luz Mariela Santofimio, Ibagué, (1953), abogada de la Universidad del Rosario con trabajo en Derecho de Familia y quien escribe guiones para televisión y cine desde 1988, entre ellos Amar y vivir, Cuando quiero llorar no lloro -más conocido como Los Victorinos-, Detrás de un ángel, Fronteras del regreso y Pecado Santo. En un alto rango se localiza a Alexandra Cardona, Ibagué, (1957), una novelista y autora de guiones o libros de testimonio dignos de ser analizados. Obtuvo el primer premio del concurso de guionistas de Focine en tres ocasiones, Derechos reservados, llevada al cine por Jaime Osorio y protagonizada por Vicky Hernández, De vida y muerte y Confesión de Laura, premiado por la Fundación del nuevo cine latinoamericano de La Habana, quien la envía al Souna Institute, dirigido por Robert Redford, que lo cataloga como una de los diez guionistas más importantes de América Latina. Ganadora en 1992 de una de las becas otorgadas por Colcultura, por el cuento De 20 metros para un sexteto, o texto inicial que se convertiría en su novela Fragmentos de una sola pieza, editada por Planeta en 1995. En el mismo año el Círculo de lectores publica el libro de crónicas Con todo el corazón, sobre testimonio de portadores del virus del Sida.

En el campo literario, la más destacada de todas es Luz Mery Giraldo, (1952) historiadora de la literatura, crítica literaria y profesora universitaria, licenciada en filosofía y letras, con estudios musicales y maestría y doctorado en literatura. Es además especializada en literatura latinoamericana, ha dedicado sus últimos años a la investigación de la narrativa y la poesía colombiana contemporánea, por lo cual ha participado en simposios nacionales e internacionales y ha sido invitada como profesora a universidades del país, Estados Unidos y Europa. Se desempeña como profesora titular en la Universidad Javeriana donde dirigió el postgrado en literatura y como profesora Asociada en la Universidad Nacional de Colombia, al tiempo que fuera asesora cultural de la Biblioteca Nacional. Sus publicaciones ya llegan a 20 volúmenes entre poemarios, antologías y ensayos, lo que dimensiona su entrega al oficio y su auténtico profesionalismo, sin contar aquí las traducciones que al inglés, francés e italiano han hecho de sus poemas y textos. Algunos de ellos son los poemarios El tiempo se volvió poema, 1979; Camino de los sueños, 1981;  Con la vida, 1997; Hoja por hoja, 2002 y Postal de viaje, 2003.  Sus libros de ensayo son la compilación de La novela colombiana ante la crítica, 1975-1990; 1994; Fin de siglo: narrativa colombiana, 1995; Nuevo cuento colombiano1975-1995, antología, 1997; Ellas cuentan: relatos de escritoras colombianas  de la Colonia a nuestros días; 1998; Café con amor, 2001, y Cuentos caníbales, 2002. Deben mencionarse también sus ensayos José Donoso el laberinto de la identidad, 1982; y Ciudades escritas, narrativa colombiana contemporánea, mención de honor premio Internacional de ensayo Andrés Bello en el 2000 y beca nacional de literatura del Ministerio del ramo.

Respecto al ensayo y la investigación, una figura consagrada, inclusive con múltiples premios por su trabajo, es Gloria Triana (1940), especializada en antropología social de la Universidad Nacional de Colombia, de la cual ha sido profesora, Postgrado en sociología del desarrollo de la misma universidad. Becaria de la OEA., Especialización en el Instituto de Estudios Latinoamericanos de la Universidad de Texas y en el Colegio de México. Asistente, Academia de cine y televisión, Berlín. Asesora sección de resguardo y parcialidades, división de Asuntos Indígenas, Ministerio de Gobierno, catedrática de antropología, Universidad de América. Profesora y coordinadora del departamento de antropología, profesora investigadora y jefe de la sección de antropología del Instituto de Ciencias Naturales, Universidad Nacional de Colombia; asesora de investigación sección de planeamiento investigaciones socioeconómicas del DANE, profesora e investigadora del Instituto de Investigaciones Estéticas, facultad de arte de la Universidad Nacional de Colombia, Asesora del Centro de Danza Tradicional, directora de la oficina de festivales y folclor, directora de la serie de televisión Noches de Colombia y directora de la selección folclórica que acompañó a García Márquez a Estocolmo en la recepción del Premio Nóbel. Fue directora de la serie de televisión Yuruparí. Premio India Catalina al mejor programa cultural en 1985, realizadora de algunas películas etnográficas, entre ellas Los sabores de mi porro, medalla Murillo Toro al mérito cinematográfico, 1986; Ministerio de Comunicaciones y Focine. Premio Nacional de Periodismo Simón Bolívar al mejor trabajo cultural en televisión, 1986. Premio Chigüiro de Oro en el festival de cine del desarrollo con la película La minería del hambre, Bogotá, 1986. Mención en el Festival Iberoamericano de Cine en Ecuador, 1988 a la película Pilanderas, Farotas y Tamboras. Ha publicado El mestizaje en indios y blancos en la Guajira, Tercer Mundo, 1965; Los Puinavesa del Inírida: formas de subsistencia y mecanismos adaptativos, Universidad Nacional, 1982; Etnoastronomía Cuinave en: Etnoastronomías americanas, Congreso de Americanistas, Bogotá, Universidad Nacional, 1987; Los Cuinave  en Introducción a la Colombia Amerindia, Instituto Colombiano de Antropología, 1987. Numerosos son sus artículos en periódicos y revistas, asesora científica y autora de cuatro fascículos del proyecto Música tradicional popular de Colombia, Procultura, 1987. Su contribución a la Nueva Historia de Colombia es La cultura popular colombiana en el siglo XX. Dirigió el Instituto Distrital de Cultura y Turismo, Agregada Cultural en Caracas y viceministra de cultura. Publicó Aluna  y Yuruparí.

Finalmente el ciclo señala ensayistas como la consagrada historiadora Ángela Inés Guzmán, Sandra Amaya, Edelmira Arévalo, Gloria Beltrán, Luz Ángela Castaño, María Magdalena Echeverry, Margarita Enciso, Yolanda Jaramillo, Teresa Andrade y la dedicada y ya prestigiosa antropóloga Mónica Espinosa, ganadora de premios nacionales, al igual que la teatrera, poeta y pintora Gloria Enith Ardila, más conocida como Staruska.

El Diccionario de Autores Tolimenses de Carlos Orlando Pardo registra la reseña biobibliográfica de 180 mujeres, lo que indica un trabajo y una figuración amplia. No es fácil detallarlas a todas porque no es el propósito de este ensayo, pero ahí se encuentran, lo mismo que en novelistas, poetas, cuentistas, músicos y pintores del Tolima, del mismo autor, donde se halla una guía para realizarles el seguimie.

 

Jackeline Pachón O.

Manual de historia del Tolima

Pijao Editores


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