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La memoria

La memoria

De los casos más dramáticos, conocidos a nivel clínico, es justamente, el de la pérdida de la memoria. Más en jóvenes, después de algún accidente con traumatismo  cráneo encefálico; y,  en cualquier edad, a consecuencia de accidentes cerebro vasculares (ACV). Lo que más vemos, es en algunos ancianos, quienes entran en demencias, que las hay, desde las muy leves, hasta las graves, como el Alzheimer. Quienes la padecen, tristemente, llegan a olvidar, hasta sus propios nombres; e incluso  a  no reconocer a sus seres queridos, quedando por tanto en doloroso  estado de indefensión. Perdidos en una nebulosa, reflejada en sus rostros inexpresivos y en sus miradas ausentes.

El YO está conformado por nuestros registros a lo largo de lo vivido. Saber quiénes somos, nos lo dicta nuestra memoria. Edad, lugar de nacimiento, filiación familiar, estado civil, sitio de residencia, estudios; hechos acaecidos; la infancia misma; experiencias laborales, o escolares, o universitarias; o  amorosas … éxitos y fracasos. Logros y frustraciones. Ocupación y Oficio. El SABER.

Sin los registros impresos en nuestra memoria, quedamos como en una nube opaca. Perdidos en tiempo y espacio. Sin identidad.

En los tiempos que corren, con los informes cada vez más publicitados acerca del mal de Alzheimer, es usual oír a las personas, utilizar el término, al no recordar algún dato requerido. Dicen con gran soltura: “Se me olvidó, es el Alzheimer”. Intentando hacer gracejos,  a costa del angustiante fantasma, que a todos nos pudiera llegar a cobijar. El drama mismo, defendiéndose con el  humor.

No nos damos cuenta, cuán valiosa es nuestra MEMORIA. Si fuéramos conscientes de ello, desde muy pequeños, estaríamos interesados en aprender, aprender, aprender muchísimo. Leer cantidades de libros. Investigar sin cansancio. Todos los días interesarnos por adquirir nuevos conocimientos. Aprender otro idioma. Artes. Letras de canciones. Poemas. Música. Tecnología; en fin, tantas cosas interesantes que nos rodean.

Los chicos, en general, van al colegio con cierto desinterés; y, “aprenden sus lecciones”, sin la avidez requerida por el saber. Solo por que toca. Como algo impuesto. Y aún así, vivido como  obligación, la cumplen a medias, o no la cumplen.

Igual cosa acontece en varios campos, bien Escuelas de Artes y Oficios, universidades, talleres y demás centros de aprendizaje.

Como si el tener registros ricos y variados en nuestro cerebro, fuera algo que nos viene de la nada. No existe, por lo regular, dedicación y amor por el estudio.

Tenemos muchas clases de memoria. Inmediata, a corto plazo (anterógrada) y a largo plazo (retrógrada). En su orden: Aprendernos un número telefónico que nos dicta el amigo. Dar razón de lo acontecido en un viaje que hicimos el mes anterior. Decir sin titubeos el nombre del Kinder al que se asistió a la edad de cuatro años. Éstas, acompañadas por  la variedad cualitativa: Auditiva (ecoica), visual (icónica), olfativa, gustativa  y táctil; propias de nuestros cinco sentidos. Es por esto que se habla popularmente de tener Memoria Fotográfica por ejemplo, personas que no olvidan los rostros. O personas que no olvidan las voces; o aquellos especialistas en “catar” vinos o cafés; o especialistas en perfumería y demás.

Libros maravillosos, en los que el autor se refiere explícitamente a los olores. Deleite sin igual leer a Kazantzakis (“Cartas al greco”) en su recorrido odorífico por su Grecia inmortal. ¿Recuerdan la novela “El Perfume”? cuyo autor, Patrick Süskind, crea una subyugante trama en la que el protagonista, es, justamente, el olor? Y así, encontramos creaciones literarias y poéticas exaltando la memoria.  Bien visual: colores, rostros, manos, paisajes; bien táctil. Siempre hay referencias a ello en el arte; bien auditiva, los sonidos como referente en nuestro encuentro con el “otro”; nuestro acaecer humano acompañado de sonidos de toda índole; el lenguaje verbal, la música, resonando en nuestra memoria.

A mí me pasa que reconozco algunas ciudades por su olor. Sé perfectamente a qué huele Madrid o Nueva York. Roma o Atenas. Así como también el Líbano (Tolima) y Bogotá. Y qué decir del olor de la Isla de San Andrés en Colombia  … inolvidables olores. Lo mismo que en nuestra ascendente y descendente cordillera Andina, con los agradables cambios de sus diferentes pisos térmicos; cada uno con su olor: frio, templado, caliente.

Sabemos a qué huele nuestro ser amado, o nuestra casa, o nuestro perro; nuestras flores y comidas;  y recordamos la voz, de nuestros relacionados y  las notas musicales de muchas canciones. Reconocemos qué es áspero o suave; frío o caliente; liso o coarrugado. Distinguimos perfectamente el sabor de un café, lo dulce y lo amargo; lo ácido o salado.

Podemos llegar a nuestras casas sin problema, pues recordamos las vías y jamás entramos a la casa equivocada, por no reconocer la propia. Saludamos al vecino por su nombre. Vamos al sitio de trabajo, ejercemos nuestras funciones. Escribimos. Manejamos el auto, el computador, el celular. Todo ello sin problema, ya que los registros para el reconocimiento de todas esas labores se hallan impresos en nuestras diferentes memorias. Existen también,  memorias espaciales y motrices.  Por ejemplo, al subir una escalera, no estamos siendo conscientes del movimiento mismo que ejercemos; lo hacemos automáticamente. Igual al conducir el auto. Y una muy importante: la memoria colectiva y hasta la ancestral que nos viene en el ADN. Algunas manejadas a nivel de los mismos instintos.

Un universo entero, éste, el de nuestra MARAVILLOSA MEMORIA. Todo, absolutamente todo nuestro ejercicio vital, supeditado a nuestra Memoria. El hablar mismo. Personas que olvidan las palabras; o que al querer decir una cosa, utilizan la palabra no correcta, que nada tiene que ver con lo que desean decir. En neurología y  Psicología se estudian las fallas mnésicas, que así se llaman.  El diccionario especializado, es inmenso en terminología, según cada disfunción.

El temible DETERIORO MENTAL, con el sustrato orgánico-cortical, inicia su insidioso proceso, justamente en la compleja dinámica de la memoria. Según diversas teorías, también con el registro de la vida misma, constatamos que con el paso del tiempo, entrando a la vejez, aparecen varias y sutiles disminuciones en nuestro ejercicio memorístico. El Aprendizaje es veloz en los niños y exitoso en la juventud, pues se goza de una muy afortunada memoria; la cual va decayendo lentamente con la edad cronológica. En unas personas más que en otras. Pero es un  hecho innegable.

Llevo muchos años, haciendo exámenes al respecto, en pacientes y en personas interesadas en saber acerca de cómo están sus funciones mentales superiores. Existen incluso, unas tablas, en las cuales se encuentra el porcentaje de deterioro intelectual esperado para cada edad. Es alentador, con respecto a investigaciones comprobadas, que  debemos desarrollarla permanentemente y hay ejercicios específicos, para estar en forma, a nivel mental. Gimnasia mental, la llaman. Aprender siempre algo nuevo, es también la clave. Sin olvidar la buena alimentación y nuestra salud física; y, cómo no, la mental. Es sabido y experimentado por todos que en estados de intensa angustia, podemos quedar en blanco; nuestra memoria infartada, no recordar.

De tal suerte, que nuestro mundo afectivo y emocional, modula en gran parte nuestro recordar o no recordar; con las inúmeras implicaciones, de nuestra compleja dinámica psicológica. La estratificación del campo noético: consciente,  sub-consciente e inconsciente., está comprometiendo permanentemente los contenidos de nuestra memoria,  para que permanezcan  en uno u otro nivel. El Yo, el Ello y el Superyo en incansable supervisión.

Conocemos personas de avanzada edad, quienes tienen conservada su memoria, en campos específicos; mas su vida rutinaria puede verse interferida por pequeñas fallas. No recordar una fecha importante. Donde dejó alguna pertenencia. Cuando es su próxima cita médica. Los nombres de sus facultativos. En donde dejó al entrar las llaves del auto, las gafas. Desde lo más nimio a lo más comprometedor. Sin embargo, el haber aprendido mucho en la juventud, hace que en  nuestro cerebro,  existan múltiples conexiones inter neuronales; lo cual beneficia grandemente nuestro desenvolvimiento senil; pues si bien algún camino está interferido, hay otros tantos, para poder llegar al dato exacto requerido.

La Memoria … pensar que olvidamos su vital importancia.

Sin embargo, hay personas que hacen gala de ella, al ser poseedoras de una muy afortunada memoria. Saberes enciclopédicos. Eruditos. Historiadores. Intelectuales. Médicos, con prodigiosa capacidad para estar registrando en su memoria, todo el imparable acaecer de la investigación en diferentes temas. Conozco un oncólogo, de mi misma edad, quien todas las noches permanece hasta altas horas, incluso hasta el   amanecer mismo, revisando los adelantos en dicho campo; los que, semanalmente, llegan a más de tres millares de  información, en resultados de tratamientos con su evolución; y él  da razón exacta de conocimiento en su campo y sigue siendo tan brillante, que ejerce aún con gran éxito comprobado, y loable   reconocimiento en el campo científico al que pertenece.

Y así, personas en muchos otros campos del saber.

 Algunos que dan razón en forma minuciosa del libro que leyeron hace tres años. Que nos brindan datos exactos acerca de autores y su producción literaria. O de compositores. O de artistas plásticos. Matemáticos. Científicos. En fin… el Saber …El saber: océano, universo, galaxia.

¡El saber siempre! Admiración eterna  al conocimiento, registrado en la mente (MEMORIA) del hombre, y puesto al servicio de la humanidad. Con todas las ayudas creadas por el mismo hombre. Libros.  Tecnología. Arte.

Por otro lado, hay quienes subestiman la MEMORIA. Para sustentar  su descalificación, esgrimen la teoría,  que para eso están los distintos programas electrónicos,  que tenemos a la mano, sin necesidad de molestarnos en estar aprendiendo. Pregúntelo en Google, nos requieren. Los diferentes y múltiples programas  electrónicos al alcance de todos.

¿Y si olvidamos manejar los aparatos electrónicos?

Sin Memoria difícilmente sobreviviríamos autónomamente. Todo nuestro acaecer, sin darnos cuenta, está dirigido por nuestra memoria

El ejercicio mnémico está supeditado al pretérito. El ahora en conexión inseparable con el pasado.

El bebé aprende a reconocer el rostro de su madre, con el permanente registro que hace de la imagen; y el presente, lo anexa al pasado y así va configurando en su espectro mnémico, la imagen, que luego ya distingue y reconoce. Y todo nuestro acaecer mnésico se sustenta en el mismo ejercicio.

Igualmente los animales gozan de memoria. Con ella se desenvuelven y perpetúan. Muchas clases de memoria

¡Loa a la memoria!

RUTH AGUILAR QUIJANO

 

 


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