Revista Pijao
Emilio Coco, un poeta de recuerdos
Emilio Coco, un poeta de recuerdos

Por Jhonwi Hurtado  Foto Elkin Londoño

El Espectador

Empezó a ver un sitio en la poesía para él hace más de 40 años, cuando tradujo a poetas españoles y de Latinoamérica. Se enamoró de esas sonoridades, de esa entonación y de ese ritmo que hacía camino con la poesía italiana del momento. Siempre fue traductor más que poeta, y fue ese camino el que lo llevó a encontrar su propia voz cuando leía a otros. Borges decía “que otros se jacten de lo que han escrito, yo me jacto de he leído”, y Coco lo tenía muy claro. Solo hasta que pasó la edad de 40 años, publicó su primer libro de poesía. Emilio Coco es uno de esos hombres hacedores de poemas  presente en el  Festival Internacional de Poesía de Pereira.

— He traducido muchos poetas de Latinoamérica, sobre todo mexicanos, y últimamente cuando fui invitado hace varios años a un festival de poesía latinoamericana en México: un festival que se llamaba “Los poetas del mundo latino”, empecé a conocer poetas de Latinoamérica que me regalaron sus libros, me enamoré de esta poesía y abandoné a los españoles.

Emilio Coco es licenciado en Idioma español y cuenta que en la Universidad leían mucha poesía. Entre esas lecturas, encontró en la poesía de Federico García Lorca y en los poetas de la llamada generación del 27, una amistad con la poesía española contemporánea, eso sumado a la amistad que crecía con un poeta español que dirigía una revista y le mandaba algunos libros, fue creando en este italiano, un gusto que lo llevó a editar un libro de poetas latinoamericanos, libro entre los que se encuentran poetas colombianos como Federico Díaz Granados y Giovany Gómez, este último, fundador y director del Festival Internacional de Poesía de Pereira, Luna de Locos.

Siempre que se habla de traducción se habla de una posible “tergiversación” del mensaje, de la esencia de lo que se escribe para que sea entendido de la misma manera en otro idioma, más aun cuando se trata de poesía, para Emilio no ha sido un trabajo fácil:

—Traducir poesía es un trabajo difícil, yo soy también traductor de teatro español, he traducido alrededor de 40 dramaturgos españoles y es mucho más fácil. Porque al  traducir poesía, por ejemplo, si un poeta escribe en heptasílabas o en alejandrinos, el buen traductor tendría que conservar eso en la lengua a la que traduce y eso es un trabajo inmenso.

Hace algunos años  publicó en Bogotá una antología de poesía italiana en tres tomos, alrededor de mil páginas: el primer tomo fue  de poetas muertos de los últimos 20 años; el segundo de poetas que ya tienen  una fama consolidada y el tercero una mirada a los poetas más jóvenes.  Y también le publicaron en Bogotá una antología de sus  poemas, llamada  “Las palabras que me escriben”. Pero, ¿qué palabras escriben a Emilio Coco?

—Son las palabras cotidianas, porque la mía es una poesía muy coloquial; una poesía que trata de las cosas que tratan todos los días: puede ser un encuentro de amor, pueden ser las tareas domésticas cuando ayudo a mi mujer a hacer algo en la casa, la realidad de todos los días yo la transformo en poesía.

Así mismo, la poesía de este hombre que ve en la palabra una fuente de la que bebe y crea, se nutre de recuerdos, del tiempo, de la magia de la infancia, pero también de la tristeza. Dicho de otra manera, Emilio Coco llevó la tristeza, ese vacío que produce la muerte de alguien cercano y lo perpetuó en el papel. El tono de la noche” lleva por nombre y en sus páginas está el recuerdo de Miguelle Coco, su hermano. —más que hermanos éramos muy amigos. Y cuando yo lo acompañé en el hospital, pasé como 15 noches acompañándolo, entonces surgieron recuerdos de esa experiencia, en el diario de esas terribles noches en las que conocí mejor a mi hermano. Y son poemas muy tristes porque con la muerte no se puede bromear. —

Y es que Miguelle lo ayudó en esos primeros años en los que decidió entrar al mundo de la traducción, entre los consejos que más recuerda Emilio y más ha implementado en su labor, ha sido la de siempre tratar de conservar el ritmo, la musicalidad del poema original.

Pero si se le escribe a la muerte, también se le debe escribir a la vida, y en cada viaje que hace este poeta italiano, intenta dejar esa vida que camina en sus poemas, ese recuerdo de lo que ha pasado y podrá o no volver a pasar, dice que en ese libro, “El tono de la noche”, habla también de la importancia de la vida, de ese círculo de vida y muerte.


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