Revista Pijao
‘El beso del francés’: una historia bien contada
‘El beso del francés’: una historia bien contada

No es fácil para un novelista manejar cuatro ejes narrativos distintos en una historia que fascina porque recrea hechos sucedidos cuando Colombia apenas salía de las guerras de independencia, y porque refleja en sus personajes las vicisitudes de una sociedad que se preparaba para asumir los retos que imponía el desarrollo de un país que entonces era más rural que urbano. Tampoco es fácil contar cómo se fundó un pueblo dando en la narración una visión amplia sobre cómo fue creciendo Colombia, y cómo los procesos de poblamiento ayudaron a consolidarla como nación. Recoger en 460 páginas escritas con excelente ritmo narrativo las vivencias de personas que se enfrentan a lo agreste de la topografía para hacer realidad sus sueños es rendirle homenaje a quienes con tesón fundaron pueblos.

Una novela de un escritor tolimense logra un perfecto manejo de los tiempos para contar, en una prosa pulida y una técnica narrativa moderna, la historia de un país que después de muchas guerras encontró el camino para consolidar su vocación democrática. Se titula El beso del francés. Esta obra narra, en prosa cadenciosa, matizada por acertadas descripciones de la naturaleza, las peripecias de cuatro personas que tienen en común ideales de libertad. Ellas son: Isidro Parra, Mercedes González, Héctor Sánchez y Desiré Angee. Alrededor de estos cuatro personajes, que tienen historias de vida para contar, gira el hilo argumental de una obra donde la lucha por la tierra, la persecución estatal, los enfrentamientos por las ideas, los amores contrariados y la búsqueda de la felicidad se roban la atención del lector.

El autor de esta novela, que narra la historia de Colombia en el siglo XIX, se llama Carlos Orlando Pardo. El pueblo fundado es El Líbano, población tolimense donde nació el escritor y, además, vinieron al mundo Germán Santamaría, Eduardo Santa, Manuel Giraldo y Jorge Eliécer Pardo, entre otros. El beso del francés narra la historia de Desiré Angee, un arquitecto parisino que llegó a Colombia contratado por el gobierno de Tomás Cipriano de Mosquera para construir el Capitolio Nacional. Hijo de un militar que luchó al lado de Napoleón Bonaparte, que condujo al patíbulo a Robespierre, sueña con encontrar una mujer que tenga la mirada de La Gioconda, esa que se le quedó en el alma cuando, en el Museo del Louvre, vio la pintura de Leonardo da Vinci.

El francés encuentra a la mujer de sus sueños en Colombia. Es una monja sin hábito que el día en que las tropas se tomaron el convento para expulsar a las religiosas escapa de la persecución del gobierno de Mosquera contra la Iglesia católica escondiéndose en una casa vecina. Se llama Mercedes González. Es una mujer que en su interior libra una batalla entre su amor a Dios y sus deseos sexuales reprimidos. Como teme que algún día la encuentren, se esconde en el hotel de un hombre que dice ser su tío, llamado Héctor Sánchez. Este le cuenta a Desiré Angee la historia de las batallas de la independencia, señalándole que en la Legión Francesa que acompañó a Bolívar llegó un militar de apellido Labatut que despojaba a la gente de sus bienes y azotaba a quienes se negaran a cometer injusticias.

En El beso del francés, Carlos Orlando Pardo rescata un personaje que tiene trascendencia histórica. Es Isidro Parra, un hombre que luchó al lado del general Tomás Cipriano de Mosquera en la batalla de la Esponsión, ocurrida en Manizales el 28 de agosto de 1860, cuando sus tropas se enfrentaron a las del general Braulio Henao. Isidro Parra, que fue edecán de Bolívar, parte de Manizales con un grupo de veinte personas en busca de tierras para colonizar. Llegan a lo que hoy es El Líbano, y se instalan en terrenos propiedad del francés. Empieza ahí un proceso ante las autoridades para reclamar las tierras ocupadas. Y, contra lo que podría pensarse, entre Desiré Angee e Isidro Parra surge una gran amistad. La rivalidad por la posesión de las tierras fue superada con el diálogo ilustrado.

Isidro Parra nació en el seno de una familia que llegó a Manizales en la época de la colonización antioqueña. Es el fundador de El Líbano. Sin haber estudiado termina hablando varios idiomas y, ¡quién lo que creyera!, escribiendo un libro sobre el filósofo Federico Herrenschneider. En las guerras de 1860 y 1876 alcanzó el grado de general. Hombre visionario, impulsa entre los colonos el cultivo del café. Trajo de Europa, para satisfacer los deseos de su hija, el primer piano que llegó al pueblo. Sin embargo, su vida tiene un final triste. Azuzado por la iglesia, el pueblo termina repudiándolo. Es asesinado de tres disparos, y su cuerpo colgado de un árbol en la plaza de El Líbano. El alcalde, conservador, ordenó que lo dejaran ahí tres días como escarmiento para los liberales.

Mercedes González, la monja de quien se enamora el francés, es una mujer hermosa. Su entrega a Dios la pone en el dilema de si volver al convento o formar un hogar con el hombre que, al verlo, despertó en ella la pasión y, por consiguiente, el deseo de que la hiciera sentir mujer. Carlos Orlando Pardo alcanza en el capítulo donde narra el primer beso que Desiré Angee le dio a ella un momento de exultante belleza literaria. Su lenguaje tiene aquí un fino erotismo, manejado de manera exquisita, con palabras que tocan la sensibilidad del lector. Algo que también sucede cuando narra el disfrute de los cuerpos. La entrega fue para Mercedes González una revelación de lo que podía sentir al entender que su cuerpo era un nido de pasiones que estallaba como granada en el momento del éxtasis.

El beso del francés, de Carlos Orlando Pardo, es una novela bien lograda tanto en lo estructural como en lo técnico. Su argumento le permite al lector entender la historia de Colombia en sus momentos más álgidos. El combate de Las Garrapatas, que tuvo lugar en 1876, en el Tolima, está narrado con fidelidad a los hechos, sin nada ficcional. De otro lado, la historia del cultivo del café en Colombia se ciñe a la realidad histórica. Al hablar de la colonización antioqueña, ayuda a entender cómo el país fue alcanzando su desarrollo. Hay que decirlo: Carlos Orlando Pardo escribió un libro bien documentado, precioso en su contenido, donde el lector conoce esa Colombia que libró muchas guerras para consolidar su progreso. Todo narrado en una prosa alegre, de fina estética, musical a veces, precisa en las descripciones.


José Miguel Alzate


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