Revista Pijao
Amiga mía
Amiga mía

Por Guillermo Saccomanno

Página 12 (Ar)

Sus destinos se cruzaron en el lager en Ravensbrück. Milena Jesenska venía de Praga, de haber sido la amante de Kafka, de la militancia comunista. En tanto, Margarete Buber-Neumann, nacida en Alemania, se convirtió en militante socialista. Margarete sobrevivió a Milena y, terminada la guerra, se convertirá en ensayista y notable historiadora. Milena es un testimonio excepcional, una vida contada desde otra vida, un tratado acerca del dolor de los otros.

“Cuando estemos de nuevo en libertad, escribiremos juntas un libro”, le propone Milena a Margarete en el lager en Ravensbrück. El libro llevará por título La época de los campos de concentración, y comprenderá las experiencias de ambas. Margarete se siente incapaz de escribir una sola línea pero Milena, entusiasmada con el proyecto, le explica: “Tú te ocupas de la primera parte con todo lo que me has contado y la segunda parte, lo que ahora estamos viviendo, la escribiremos juntas”. Margarete tiene treinta y nueve años. No se tiene confianza. Y duda que ambas puedan salir vivas de ahí. Milena tiene cuarenta y cuatro. Y sin embargo su vitalidad es inquebrantable, deslumbra. “Pero mi pequeña Grete”, le dice, “quién es capaz de contar las cosas como tú, también puede escribir. A mí se me da mucho peor. Ni siquiera soy capaz de describir como alguien atraviesa una puerta. Por otra parte, has de saber que toda persona puede escribir, si no es analfabeta, claro”.

Ese es el comienzo de una historia de amistad no sólo literaria si bien la escritura será el camino que Margarete Buber-Neumann habrá de adoptar para recuperar en una narración la experiencia del lager y la memoria de su amiga. Milena Jesenska, más tarde conocida por los lectores como la amante de Kafka, destinataria de una correspondencia amorosa célebre, sería recordada durante bastante tiempo sólo como su Beatrice. Pero Milena fue más que la musa de una prosa enamorada en la que se debaten el deseo y la angustia. Hay que subrayarlo: si en la actualidad se la puede conocer a Milena en su integridad y trascendencia heroica, se lo debemos a la narración de su amiga Margarete, la que no se animaba a escribir.

Milena nace en 1896 en un hogar burgués de Praga. Su padre, un médico odontólogo, despótico, intentará doblegarla y convertirla en una joven formal que estudie medicina. Pero no lo logrará. Desde chica la hija presenta un temperamento rebelde. Y apenas despunte su juventud, con su belleza delicada, su atrevimiento y su humor, encontrará su lugar en los bares donde se reúnen los poetas y escritores. Milena se codea con todos y, como feminista y socialista,  pronto forma parte de la inteligentzia. Tendrá un matrimonio desafortunado con Ernst Pollack, banquero, adúltero empedernido, asesor de los artistas, entre los que se cuenta Kafka. Estamos en los años veinte. Luego de traducir a Kafka, Milena inicia con él una conflictiva historia de amor. Recién se separará de Pollack unos años después al  enamorarse de Xaver Schaffgosh, un outsider de la nobleza, oficial del ejército austríaco. Su nuevo compañero ha conocido Rusia en tiempos de la Revolución y ahora es comunista.  Milena entra en su círculo de amistades y empieza a militar en el Partido. Milena escribe sobre costumbres, moda, cuestiones femeninas y vida cultural. Su trabajo de cronista  forma parte de lo mejor del periodismo checoslovaco de preguerra. Selecciona varios de sus artículos bajo el título: El camino hacia la simplicidad, libro que dedica a su padre. A su manera, el libro es su “carta al padre” y tiene la pretensión fallida de ser reconciliatorio. En tanto, Schaffgosh es su faldero y también su sombra. Ella le ayuda a buscar trabajo. “Por lo visto, mi destino fue siempre amar hombres débiles”, le confesará Milena a su amiga. “Nadie, en realidad, se ocupó de mí o intentó al menos tratarme bien. Para una mujer, tener demasiadas iniciativas es un castigo. Los hombres, incluso los débiles, sólo lo toleran con agrado durante un corto período de tiempo. Luego se buscan a otra mujer, una frágil muñequita de boquita redonda que se siente en el sofá con las manos en el regazo y los contemple con admiración. De este tipo eran casi siempre las que me sucedían. Y, con frecuencia, asistí entonces a la milagrosa transformación de mis hombres, poco prácticos y no crecidos para la vida, impenitentes intelectuales. Para sus nuevas mujeres corrían escaleras arriba y abajo, buscaban viviendas, iban de un despacho a otro, sacaban pasaportes o escribían cartas oficiales. Sí, incluso empezaban a ganar dinero”.

Nuevamente divorciada, hará pareja con un arquitecto comunista, Jaromir Krejcar, con quien tendrá una hija. Durante el embarazo, a partir de los dolores, se vuelve adicta a la morfina. Después de una estadía en la URSS, Krejcar vuelve amargado por los crímenes del estalinismo. La pareja rompe con el Partido. Milena denuncia los crímenes de Stalin y su persecución de los militantes judíos. Los años del nazismo son sus años de resistencia,  acción solidaria y peligro.  Nada la detiene en el auxilio a los perseguidos. Es más, se potencia su arrojo. Y también la provocación: llega a pasearse por las calles de Praga con un brazalete amarillo con la estrella judía con la esperanza de que sus compatriotas la imiten. Hasta que en 1939 la detiene la GESTAPO y es destinada al campo de Ravensbrück, donde conoce a Margarete, de quien oyó hablar. Por fin encuentra una igual, una mujer que ha tenido las agallas de denunciar al estalinismo. Apenas Margarete pisa el campo Milena acude en su búsqueda. En la admiración recíproca, surge una amistad que les permite soportar el calvario. “Pocas personas poseen el don de consolar a las demás. Hay que vivir el dolor del otro y sufrir con él. Milena me ayudó a curarme y halló el camino hasta mi corazón”, escribe Margarete. Y anota: “La pérdida de la libertad no implica la pérdida de la necesidad de amor. El deseo de ternura y de consoladora proximidad de un ser querido es incluso mucho más fuerte en cautividad. En Ravensbrück unas lo solventaban con la amistad, otras hablaban mucho de amor y en otras el fanatismo político o incluso religioso se convertía en algo erótico. Las amistades apasionadas eran tan frecuentes entre las políticas como en las asociales y las delincuentes. Las relaciones amorosas entre las políticas sólo se diferenciaban en que las primeras solían quedarse en platónicas mientras que entre las segundas adquirían un carácter marcadamente lesbiano”.

Margarete, nacida en Postdam en 1901, militante de juventudes socialistas desde joven, tras la Primera Guerras se afilia al recientemente creado Partido Comunista. Se casa con Rafael Buber, hijo del filósofo judío Martin. Tiene dos hijas. Se separa. Y se une al dirigente Heinz Neumann. La militancia los lleva a Francia y a la Guerra Civil Española. Al viajar a la URSS, la pareja, decepcionada y crítica del estalinismo, es castigada. Primero desaparece Neumann en la Lubianka. Tardíamente Margarete sabrá que el desaparecido fue fusilado. “Esposa de un enemigo del pueblo” Margarete es enviada primero a Siberia y luego a un campo en Kazajistán. En 1940, tras el pacto Hitler-Stalin, en un gesto diplomático, la URSS le devuelve sus renegados a Alemania. Entre ellos está Margarete. Es decir, del gulag al lager. Para las prisioneras comunistas, Margarete, con su pasado antiestalinista les resulta una trotskista y una traidora. Milena, por su lado, con su personalidad fuerte, que transgrede desafiante las normas disciplinarias del campo, es una molesta por igual para las dogmáticas estalinistas y las marginales. Mientras Margarete ha sido enviada a un barracón de Testigos de Jehová, Milena es asistente en la enfermería. En  agosto de 1943, en su cumpleaños, enferma, agonizante, recibe a sus compañeras de cautiverio. La sorprende el saludo. Pensaba que  no la querían, que la habían olvidado. Poco después muere.


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