Revista Pijao
Lola Pons: “El lenguaje oscuro está sobrevalorado entre los intelectuales”
Lola Pons: “El lenguaje oscuro está sobrevalorado entre los intelectuales”

Por Babelia (Es)

Lola Pons (Barcelona, 1976) es capaz de convertir un tratado académico de filología en un best seller. Su libro Una lengua muy larga, una recopilación de historias sobre el español, va por la cuarta edición y recientemente ha publicado otro junto con Álvaro Octavio de Toledo que analiza cartas escritas por españoles durante la Guerra de la Independencia.

¿Qué o quién le desató la pasión por las palabras? Mi madre. Me enseñó a leer con tres años y desde entonces no he dejado de hacerlo. Luego, reconocer el campo andaluz en El jinete polaco de Muñoz Molina, estudiar a Francisco Rico y a Alan Deyermond en la carrera y tener como profesor en la Universidad de Sevilla a Manuel Ariza.

¿El último libro que le ha gustado? Mujeres excelentes, de Barbara Pym.

¿Y uno que no pudiera terminar? Paradiso, de Lezama Lima. Me deslumbró, pero pasado el fogonazo no fui capaz de remontar la lectura.

¿Podría recomendarnos algún libro o película en que el lenguaje sea protagonista? En varias de las novelas de Marías hay reflexión etimológica, como Mañana en la batalla piensa en mí. Como historiadora del español, intento no perderme los documentales que retratan la lengua en su sociedad. Últimamente he visto uno sobre el judeoespañol en Los Ángeles (Once Upon a Time at 55th and Hoover, de Andrés Enrique-Arias) y ahora tengo curiosidad por la película El Cid cantado por Antoni Rossell de C. Heusch.

¿Entre todas esas historias sobre la lengua española que ha recopilado usted, alguna le emociona especialmente? Mi favorita es No te empeñes, donde explico que los cambios en la lengua no se pueden frenar por mucho que un individuo se esfuerce en predicar contra ellos. Las historias más celebradas por mis lectores han sido aquellas que parten de elementos de la cultura popular (desde Raphael a Raffaella Carrà) para explicar la evolución que ha sufrido el español en su historia.

¿Su palabra o expresión favorita? Por su forma, adoro la palabra agreste; por su significado, ocupa un sitio exclusivo en mi pódium la palabra libertad; por los recuerdos que me despierta, me emociona que en Andalucía se llame blandura al rocío de la mañana.

¿Borraría alguna palabra del diccionario? No, pero tengo manía a las que llamo “expresiones chancleta” (se ponen de moda y terminan oliendo como un mal calzado); son las que abundan por temporadas en el lenguaje político: poner en valor, hoja de ruta...

¿Qué canción escogería como autorretrato? Superadas algunas batallas, más que una canción ahora me retratan unos versos del poeta Javier Salvago: Todo lo que perdí / —la juventud, su brillo...— / a cambio de este acuerdo / de paz conmigo.

¿Cuál es su película favorita? Es una frivolidad, pero llegadas estas fechas, en casa no perdonamos volver a ver Love Actually. Viví un tiempo en Oxford y el ambiente de Londres en Navidad me encanta.

¿Qué está socialmente sobrevalorado? El lenguaje oscuro en los intelectuales y la música de fondo en las fiestas.

¿Qué encargo no aceptaría jamás? El que no fuera de mi entera responsabilidad. Firmar como propio el trabajo de los discípulos es una abyecta práctica que sigue dándose entre los profesores universitarios.

¿A quién le daría el premio Cervantes, máxima distinción en lengua española? A mi paisano Emilio Lledó. Ha reflexionado sobre la tradición y la creación en el lenguaje, claves para que un idioma esté vivo.


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