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Fracturas de la cotidianidad como personajes de un cuento

Por Carlos Restrepo   Foto Carlos Ortega

El Tiempo

Un padre llega a la casa y llama a su hijo, a quien minutos antes había recogido la empleada en el paradero del bus del colegio. Cuando lo llama, solo se oye la voz del niño: ‘Hola, papá’.

El padre piensa que se trata de una broma y comienza a buscarlo en los cuartos, debajo de la cama y entre los clósets, pero no está. La voz del niño parece salir de algún espacio paralelo, como si estuviera detrás de las paredes.

Así comienza el cuento Lore, el niño no aparece, que forma parte de Hay días en que estamos idos, el tercer libro de relatos del escritor payanés Andrés Mauricio Muñoz en librerías.

Son seis cuentos, en los que el autor experimenta con esos pequeños elementos que fracturan las rutinas diarias de los seres humanos.

“Estamos inmersos en una cotidianidad: nos levantamos, vamos al trabajo, compartimos con una novia o esposa, con unos compañeros de trabajo, pero hay un momento donde entra ese elemento disruptivo, que nos hace ver unas grietas que estaban ahí y que no habíamos percibido”, explica Muñoz.

En otras de sus historias, el autor cuenta el drama que viven unos padres cuando una planta que el profesor le entrega a su hijo se les muere en el baúl del carro. O el caso de una exitosa ejecutiva que atormenta a su marido porque no consigue empleo y pasa los días encerrado en la casa.

Para Muñoz (Popayán, 1974), los lugares donde se desarrollan las tramas de sus relatos juegan un papel protagónico. Algo que planea de manera deliberada.

“Cuando estaba escribiendo estos cuentos de alguna manera sentía que el espacio es un personaje que nos ayuda a llevar esa aflicción o abatimiento que todos llevamos en algún momento”, explica el autor, nominado con este libro al Premio Biblioteca de Narrativa Colombiana.

En sus dos libros anteriores, Muñoz había explorado el desasosiego, los pequeños despojos cotidianos. “Entonces, para este libro me planteé explorar la cotidianidad, pero desde esas rutinas de pareja, desde la incertidumbre de ser padres, en especial hoy que se está sometido a más presiones”, comenta Muñoz.

Una de las características de los personajes que protagonizan estos cuentos es que a pesar de que se vislumbran perdedores, “dan la batalla, se baten en la arena”, como lo explica su creador.

“Me gustaba reflejar eso porque pienso que así es la vida. Muchas veces no damos la batalla. Pero también hay otras en las que la damos, así no seamos conscientes de que la estamos dando, aunque el rival nos dé más duro”, dice.

Por eso, Muñoz cree que en este libro, tal vez, fue menos indulgente con sus personajes, como sí lo había hecho con los que protagonizan Desasosiegos menores (2010) o Un lugar para que rece Adela (2015).

“Aquí quise ser un poco más cruel y reflejar esos momentos de la vida, en donde –como dice el título– hay días en que estamos idos; hay días donde la impotencia puede, donde pensamos que quizás lo más atinado sea bajar los brazos en señal de rendición. Donde pensamos que ya no tiene sentido luchar”, reflexiona.

Al hablar sobre el proceso creativo de sus relatos, Muñoz va coleccionando frases y estructuras en su cabeza, a partir de situaciones que se encuentra a diario en su trabajo, en su casa o que ve en las redes sociales.

“Cuando estoy construyendo un personaje, la relación mía con él es muy estrecha. Y en ese proceso de desarrollar ese encuentro, trato de ponerme en sus pies y ver qué sentiría yo si estuviera en una situación como esa. Pero además soy muy observador y empiezo a acordarme de rasgos de amigos, vecinos o personas que veo en la calle”, cuenta el autor.

En ese proceso, anota con humor, el primer boceto de su personaje parece una especie de Frankenstein, “porque tomo el ímpetu de esta persona, o el arrojo de esta otra o la altivez y el abatimiento de estas otras. Pero llega un momento en donde todo eso empieza a configurar a mi personaje y ya adquiere una solidez, una nitidez y una identidad”, concluye.