Actualidad

"El relato de Genji" y la novelista detrás del biombo

Por Juan Carlos Fangacio   Foto Difusión/ APJ

El Comercio

Empezaba el siglo XI en Japón, durante el período Heian, y las normas en la corte eran muy estrictas. Con solo un selecto grupo de hombres que podían recibir una educación elevada, la joven Murasaki Shikibu –miembro de la nobleza media– se conformaba con guarecerse detrás de un biombo y escuchar las lecciones que recibía su hermano. Ella, sin embargo, con una capacidad excepcional, aprendió mucho mejor y más rápido que él, sin que nadie lo supiera.

Es en ese contexto que Shikibu logró escribir el monumental “Genji monogatari” (“El relato de Genji”, en una traducción aproximada al español). Más de 1.800 páginas de lo que, según algunos entendidos, sería la primera novela del mundo. O al menos la primera con una forma similar a la que caracteriza a las novelas modernas. “La crítica internacional solo la ha comparado, por lo puntillosa y detallada, con ‘En busca del tiempo perdido’ de Proust. Porque relata las circunstancias exactas de su entorno en momentos muy singulares, y la forma en que ese mundo se disuelve”, explica Iván Pinto Román, diplomático, docente y traductor peruano, quien junto a la japonesa Hiroko Izumi Shimono acaban de presentar la única traducción directa de la obra al español, tras un trabajo de 10 años.

PIONERA Y TRANSGRESORA

Los recientemente presentados tomos II y III de la novela, que se suman al primero publicado en el 2013, relatan la historia de Genji, caballero cortesano que enfrenta innumerables dramas. Y es justamente la profundidad psicológica lo que marca principalmente la obra. “Shikibu crea personajes con minuciosa exactitud, lo que demuestra su grado de observación de la psicología de los personajes. A lo largo de su millar de páginas, ningún personaje se difumina”, señala Pinto.

Y aunque han pasado mil años desde su escritura, el traductor afirma que su vigencia es plena. “La obra está tan fresca como el primer día, pues refleja la debilidad del hombre frente a su realidad, en sus relaciones con otros hombres y con las mujeres –asegura–. Además, es el testimonio de una mujer capaz de develar la injusticia de las circunstancias en las que vivía”. Y en épocas en que la mujer aún lucha por recuperar el espacio que merece, Shikibu y su obra lucen asombrosamente adelantadas a su tiempo.