Entrevistas

Paul Auster: "Hablo con fantasmas todo el rato"

Por Fátima Uribarri

XLSemanal.com

Nos recibe en su casa, en una zona residencial de Brooklyn. En el salón sobrio y luminoso en el que charlamos, hay catálogos de arte, libros antiguos y unos lienzos que retratan la máquina de escribir con la que Auster ha tecleado su nuevo libro, una novela enorme, de casi mil páginas, que le ha costado siete años de trabajo.

Es una novela y son cuatro, de ahí el título 4321 (ed. Seix Barral). Es un juego muy austeriano. Hay cuatro protagonistas que son distintas posibilidades vitales de un mismo chico. La historia pivota sobre el azar, la gran preocupación de un autor que ha logrado el sueño de todo escritor: seducir a lectores y críticos. Es una estrella de la literatura, coleccionista de premios, entre ellos el Príncipe de Asturias de las Letras.

XLSemanal. La madre de Archie, protagonista de 4321, y la suya trabajaron fuera de casa en los años 50 y 60.

Paul Auster. Pero la madre de Archie es más estable de lo que era mi madre. Mi madre tenía problemas. Pero quiero aclarar que Archie no soy yo. He tomado de mi propia vida los sitios y la época. También lo que se cuenta de las actividades sociales y políticas de entonces es históricamente riguroso. Incluso se toca una experiencia central de mi vida.

XL. Se refiere a cuando pudo morir con 14 años.

P. A. Estábamos de excursión durante un campamento de verano. Éramos unos veinte chicos. Nos pilló una gran tormenta y a uno de ellos lo mató un rayo. El muerto pude ser yo, cualquiera de nosotros. Es algo que me ha marcado toda mi vida.

XL. La vida puede truncarse de repente.

P. A. Cualquier cosa nos puede pasar en cualquier momento. La gente habla de azar en mis libros. Pero no me gusta esa palabra, a lo que me refiero yo es a lo inesperado. No esperas para nada que algo suceda y, de repente, sucede y puede tener un efecto determinante en ti.

XL. A veces lo inesperado son buenas cosas.

P. A. Claro, y a menudo no lo son. Lo inesperado es una fuerza neutra, solo sucede. Puedes ir andando por la calle y encontrarte cien dólares en el suelo y piensas «Qué bien, soy cien dólares más rico que hace treinta segundos». O puedes estar en ese mismo sitio y que alguien dispare desde la acera de enfrente y te mate una bala.

XL. ¿Se considera un hombre con suerte?

P. A. Absolutamente. Nunca pensé que sería capaz de ganarme la vida escribiendo libros. Me siento muy afortunado, mucho. Puedo hacer lo que quiero, lo que me gusta, es increíble.

XL. ¿Le da miedo que la vida dé un giro y se quede sin dinero? Habla de ello en su novela.

P. A. Ya he pasado por ello. Sé lo que se siente sin tener dinero. Durante muchos años no lo tuve. Ni un céntimo. Es cierto que la situación financiera influye mucho en la vida de los cuatro chicos del libro. Lo que quiero decir es que el dinero es una de las circunstancias que afectan a la vida, pero también es crucial tu familia.

XL. Cuando no tenía un duro hizo trabajos variopintos. Se embarcó en un petrolero.

P. A. Tenía yo 23 años y no duró tanto, solo fueron cuatro o cinco meses, pero cuatro o cinco meses en el mar es como cinco años en tierra. Tenía enormes ganas de hacerlo. Estuve en un petrolero de Esso, ahora se llama Exxon. No fue una gran aventura en alta mar, no fui a la India. Lo que hice fue recoger fuel para aviones en distintos puntos de Texas. Luego viajábamos por la costa de Florida, lo entregábamos y regresábamos a Texas a recoger más, así una y otra vez.

XL. ¿Le gustó?

P. A. Fue una experiencia extraordinaria porque trabajaba con gente con la que habitualmente no me relacionaba: la mayoría de ellos eran sureños de Estados Unidos, tipos muy duros, así que fue muy interesante para mí que era el único judío del barco y el único con una licenciatura en la Universidad de Columbia [se ríe]. Estoy hablando de gente realmente ruda, algunos de ellos muy locos.

XL. En ese libro ahonda en la preocupación de hacerse viejo.

P. A. Tengo 70 años, cuesta creerlo. Mi padre murió a los 66. Cuando cumplí esa edad tuve una sensación rara, es extraño ser más mayor de lo que fueron tus padres.

XL. ¿Los echa de menos?

P. A. Mucho, como todo el mundo. Es un trago importante cuando mueren tus padres. Yo tuve un padrastro al que quise mucho, pero murió muy joven, con 54 años. Fue terrible. Cuando alcanzas cierta edad, mucha gente que has querido en tu vida está muerta, así que deambulas por ahí con muertos. Yo lo siento así. Hablo con fantasmas todo el rato. No hablo en alto, claro [se ríe].

XL. En su obra trata mucho la relación entre padres e hijos, ¿cómo es la suya con sus dos hijos?

P. A. Mis hijos hacen su vida, son adultos. Criar a tus hijos es un gran trabajo, quizás el más grande que hay en la vida. Lo extraño es que no te puedes preparar para ello, no puedes ir al colegio y aprender a ser padre, nadie te dice nada, y cuidar a esa pequeña criatura puede ser una experiencia difícil, intimidatoria. Tienes que ser capaz de relajarte, estar a su lado y darles mucho amor. La vida es muy difícil, es clave afianzarla desde pequeño con el amor que te den en tu casa. Si quedamos más o menos cuerdos es por el amor que nos dieron nuestros padres, como quiera que lo hayan expresado.

XL. En su familia hay artistas.

P. A. Y locos, muchos locos.

XL. Su abuela mató a su abuelo.

P.A. Le pegó un tiro. Yo me enteré de mayor. Discutieron y ella disparó. La absolvieron por enajenación mental transitoria. Escribí sobre ello en La invención de la soledad.

XL. ¿Cuál es el secreto de un matrimonio tan feliz como el suyo?

P. A. Es suerte, suerte absoluta. Siri y yo somos compatibles, somos el adecuado el uno para el otro y nos hemos encontrado. Llevamos juntos 36 años. Una de las razones por las que seguimos juntos es que discutimos mucho, no dejamos las cosas reprimidas: si algo va mal, discutimos. El matrimonio es algo orgánico, que está siempre cambiando y tienes que estar alerta. Como dice Siri, mi brillante Siri, hay dos clases de relaciones entre el hombre y la mujer: la mecánica, que siempre es lo mismo, como una máquina, y las máquinas se estropean, así que estas relaciones no perduran; y, luego, están las orgánicas. Al matrimonio, como a los árboles, hay que cuidarlo para mantenerlo sano.

XL. Veo que ya no fuma.

P. A. No, ahora utilizo estos cigarrillos electrónicos. Estoy contento, ya no toso. He fumado 50 años, tenía que parar, me estaba matando a mí mismo. Lo dejé hace tres años. Estoy bien.

XL. ¿Sigue sin utilizar ordenador?

P. A. Sigo. Y tampoco tengo teléfono móvil. Lo que sí tengo, desde hace como dos años y medio, es un iPad. Me lo regaló Siri por mi cumpleaños. Lo utilizo para hacer la investigación para mis novelas. Me ha ayudado mucho con 4321. Si quería saber qué día de la semana era el 3 de junio de 1964 era muy difícil averiguar esta información.

XL. ¿Cómo lo hacía antes de tener el Ipad?

P. A. Le pedía a Siri que lo buscara en su ordenador [se ríe] o se lo pedía a otros. Ahora lo puedo hacer yo en 30 segundos.

XL. Quizás se anime a pasar al ordenador.

P. A. No, ya lo he probado y no me gusta. Lo utilicé en una novela y un guion hace 15 años y no me gusta, me duelen las manos. Mi máquina de escribir fortalece mis manos, en los ordenadores teclear es demasiado suave, yo creo que daña los músculos. El síndrome del túnel carpiano se produce por pequeños gestos repetidos, pero los movimientos grandes no crean estos problemas sino que te fortalecen.

XL. ¿No toma vacaciones?

P. A. Casi nunca. Y cuando lo hemos hechos nos llevamos el trabajo con nosotros. Solo cogimos vacaciones el verano pasado. Estuvimos con amigos en el sur de Francia, y con nuestra editora que ahora es la ministra de Cultura; estamos muy orgullosos de ella [se ríe].

XL. Con Donald Trump, sin embargo…

P. A. No me gustan las ideas de Trump, ninguna. No quiero empezar a hablar de él. Trump es una fuerza maligna no solo para América, sino para el mundo entero.

XL. ¿Por qué votó por él tanta gente?

P. A. Si pudiera encontrar una razón que lo explicara sería el hombre más inteligente de la Tierra. Sigo sin comprender cómo 60 millones de personas le votaron. He leído todos los análisis y sigue sin tener sentido que un ser tan repugnante pueda persuadir a tanta gente. Puede que le haya favorecido el que Hillary Clinton fuera una mujer, la primera en ser candidata a ser presidenta. Creo que todavía hace falta mucho tiempo para que América elija a una mujer, ese era un hándicap para ella, más grande que ningún otro. En segundo lugar, Hillary Clinton ha sido atacada sin cesar durante cerca de 20 años así que se ha convertido en una de las personas más odiadas de los Estados Unidos. Hay bastante gente, entre un 25 y un 35 por ciento de americanos, que no la votarían bajo ninguna circunstancia. Cualquier otro candidato demócrata habría ganado a Trump, pero el candidato era ella.

XL. ¿Influyó la injerencia rusa?

P. A. No lo creo. Los rusos han estado haciendo esto desde hace mucho tiempo, ahora se han sofisticado. No solo hackearon a los demócratas, también lo hicieron con los republicanos, pero querían que ganara Trump, así que no hicieron público lo que tenían de los republicanos. Los lazos de Trump con los rusos vienen de atrás. Todavía quedan tantas cosas sin saber, tantas piezas por encajar… nadie conoce la verdad de la historia al completo. Pero estoy convencido de que hay una historia y quizás la conozcamos, no lo sé. Ya veremos. Pero no me gusta hablar de Trump, no es interesante.

XL. Usted tiene más éxito en Europa que en Estados Unidos ¿son públicos tan diferentes?

P. A. No sé, hay diferencias, pero también las hay entre los distintos países europeos. Los españoles me parecen gente de mente muy abierta respecto al arte, son receptivos, curiosos, tienen el espíritu generoso. En Inglaterra, la gente es puntillosa, les gusta criticar, atacar incluso. En Francia están en medio. Hay una cara desagradable y otra maravillosa, es un país de dos caras. En España, que no conozco tan bien como Inglaterra, he encontrado una calidez y una seriedad que aprecio mucho. Me encantaría saber español.

XL. Ha estado muchas veces.

P. A. Muchas, sí. La primera vez fue en 1965, yo tenía 18 años. Mandaba Franco. Fui con un amigo. Estuvimos en San Sebastián y Pamplona.

XL. ¿En los Sanfermines?

P. A. Sí, vimos los encierros y recuerdo que no encontramos un sitio para dormir, todo estaba lleno. Dormimos en un parque en el suelo y me desperté porque algo me golpeaba, era un Guardia Civil dándome golpecitos con su pie. Tuvimos que pagar una multa por haber dormido en el parque [se ríe].

XL. ¿Corrieron el encierro?

P. A. No, pero fui a una corrida de toros, fue una experiencia muy extraña.

XL. ¿Le gustó?

P.A. A mí me provoca rechazo, pero sé que es una antigua tradición española. No fui para criticar las costumbres de otro país sino para ver cómo era aquello. Entiendo que haya gente a la que le guste, pero matar animales como deporte no es mi idea de pasar el tiempo.

XL Le entusiasma El Quijote.

P. A. ¿No es el mejor libro jamás escrito? El resto salen de ahí, cada novela ha nacido en El Quijote. Es extraordinario. Lo acabo de releer hace un año, por quinta vez, y me ha vuelto a encantar.

XL. ¿Qué le parecen los autores de best sellers?

P. A. Me alegro por ellos. Hay un gusto popular que está bien para el momento, y si a la gente le dan placer esos libros, estupendo. No soy condescendiente con los escritores de best sellers, están bien para determinado público. Los artistas no hacen eso, trabajan para sí mismos y se lo ofrecen a la gente y luego a la gente les gusta o no.

XL. Puede que no tengan lectores…

P. A. Joseph Conrad es considerado uno de los genios de finales del XIX y principios del XX. Era tan pobre que no vendía libros. Nadie lo leía mientras vivió.

XL. Así que lo que importa es pasar a la posteridad.

P. A. Creo que sí, o igual no importa porque estás muerto [se ríe]. Yo no tengo opción, escribo lo que tengo que escribir. Otra gente escribe para agradar a la gente, para emocionarla o asustarla y a muchos les gusta eso. Está bien, es bueno. Pero la mayoría de esos escritores no va a perdurar. No importa, porque son felices en vida. Me alegro por ellos.

XL. ¿Cómo maneja la fama?

P. A. No pienso en mí como alguien famoso. Ser un novelista famoso no es lo mismo que ser famoso. La famosa de la familia es nuestra hija Sophie, la cantante. Los españoles la adoran, ha estado de gira por allí hace unos meses y ha sido un gran éxito.

XL. Se le cae la baba.

P. A. Estoy muy orgulloso. Creo que es una gran artista. Y sobre todo es una buenísima persona.

XL. Es muy cinéfilo. ¿Sigue también las nuevas series de televisión?

P. A. Sé que las hay muy buenas, pero no tengo tiempo. Todavía me interesa mucho el cine, no me da tiempo a todo. Siri y yo por la noche vemos películas antiguas. No vamos mucho al cine.

XL. Así cierran los días.

P. A. Escribir una novela es agotador. Los dos trabajamos en casa Siri, en el piso de arriba y yo, abajo. Acabamos los dos rendidos, es como correr 50 kilómetros al día así que cuando acabamos la jornada preparamos algo de cena y nos sentamos a ver una película para relajarnos.

XL. ¿No prefieren orearse, salir fuera?

P. A. No salimos demasiado, lo que más nos gusta es estar aquí en casa. ¿Qué aburrido, no? Pero así somos felices.