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Los cuentos perdidos de Scott Fitzgerald

En abril de 1940, Francis Scott Fitzgerald(1896-1940) confesaba a su esposa Zelda en una carta: «Dios mío, soy un hombre olvidado». Aquel sentimiento de frustración y fracaso le había invadido en la última década. Lejos quedaba la gloria literaria que había alcanzado con «El gran Gatsby» (1925) y «Suave es la noche» (1934). Encaramado a un tren de vida difícil de sostener, tanto material como emocionalmente, el matrimonio Fitzgerald se tambaleaba entre el alcoholismo de él y la frágil salud mental de ella. Las facturas se acumulaban y el autor tuvo que entregarse a una faceta de su oficio que no le satisfacía en exceso: la escritura de relatos para las revistas de la época.

Muchas de aquellas historias aparecieron en publicaciones como «Esquire» o «The Saturday Evening Post» –esta podía llegar a pagarle por pieza hasta 4.000 dólares, lo que equivaldría a unos 55.000 actuales–, pero otras muchas quedaron inéditas. Algunas fueron rechazadas directamente por los editores –Scott Fitzgerald, tozudo y orgulloso, se negaba a hacer los cambios que le pedían, ya fuera cortar o reescribir–, otras fueron descartadas por el propio escritor y unas cuantas simplemente se perdieron, traspapeladas en el ingente archivo que fue metódica y obsesivamente conformando hasta su repentina muerte, el 21 de diciembre de 1940, a los 44 años, víctima de un ataque al corazón.

Tiempos modernos

De aquel material que entonces nunca vio la luz surgen los dieciocho relatos que componen el volumen «Moriría por ti y otros cuentos perdidos» (Anagrama), cuya edición ha corrido a cargo de Anne Margaret Daniel, responsable del archivo del escritor en la Universidad de Princeton, y que llegará a las librerías españolas el próximo 28 de febrero. «Sus herederos me ofrecieron editar estos cuentos. Me proporcionaron copias de algunos, incluido un grupo que fue descubierto entre papeles familiares en 2012. El resto estaba en el archivo de la Universidad o en bibliotecas privadas», recuerda Daniel, en conversación con ABC. En ellos, Scott Fitzgerald despliega todo su talento y, a través de un personalísimo humor, toca temas como el divorcio, el suicidio, la desesperación, el amor, la compasión, la alegría, las relaciones familiares, el desempleo, los efectos del crack del 29... y hasta el negocio editorial.

De hecho, el manuscrito del relato que se centra en el sector que Scott Fitzgerald vivió tanto como padeció fue comprado por la Universidad de Yale en 2012 por 194.500 dólares y publicado en marzo del año pasado por la revista «The New Yorker», con gran regocijo por parte de sus lectores, que se relamían ante lo que estaba por llegar. «En los cuentos se muestra como un maduro escritor modernista. Ya estaba lejos de sus tempranos y brillantes años de la era del jazz. Era un hombre que se acercaba a la madurez y escribía en mitad de la Gran Depresión y en un mundo convulso que avanzaba una vez más hacia la guerra. Están escritos desde los tiempos modernos y en respuesta a ellos. Muchos son sombríos, pero en ellos brilla la humanidad de los personajes y de su autor».

Calidad

En opinión de Daniel, que lleva trabajando con el Archivo de Scott Fitzgerald desde 1996, varias de las historias que ahora aparecen «son tan buenas como cualquier cosa que publicó durante su vida». Pero, si se tiene que decantar por alguna, reconoce que le gusta «especialmente» la que da título al volumen, además de «La pareja», «El IOU» –la mencionada sátira sobre el negocio editorial–, «Cita en el dentista» y «Un saludo a Lucy y Elsie». «Incluso el relato más corto, el fragmento de ‘Día libre del amor’ o los guiones de cine meramente esbozados muestran hermosos momentos y cosas interesantes sobre su escritura y su estilo», aclara.

Aunque mucho se ha escrito sobre la peculiar relación que Scott Fitzgerald mantenía con el género breve por excelencia, Daniel defiende que «le gustaba escribir cuentos y, no se equivoque, le gustaba que le pagaran, aunque a veces le molestaba sentir que tenía que hacerlo por dinero». Desencantado con Hollywood, la venta de relatos fue su principal fuente de ingresos desde mediados de 1920 hasta el final de su vida, pero «cuando estaba trabajando en una novela, a menudo basada en ideas o personajes que había probado primero en cuentos cortos, le gustaba concentrarse solo en ella y consideraba que escribir las historias era una distracción».

Y queda por plantear la pregunta del millón cuando de inéditos se trata: ¿por qué publicarlo ahora, si su autor no lo hizo en vida? Daniel se muestra tajante al respecto: «Los cuentos de este libro son sus últimas historias cortas completas. Lo sabemos porque Fitzgerald las mencionaba en la correspondencia que mantuvo con su agente, Harold Ober, y con su editor en Scribner, Max Perkins. Gracias a esas cartas pude rastrear su composición, a qué revistas se ofrecieron y en algunos casos vendieron, y por qué no fueron publicadas. El hecho de que él quisiera que se publicaran, o que las ideas para guiones fueran rodadas, es la razón por la que se han publicado ahora».

(Tomado de ABC)