Revista Pijao
¿Cuál es el cuento de Claudia Ivonne Giraldo?
¿Cuál es el cuento de Claudia Ivonne Giraldo?

Por John Saldarriaga   Foto Edwin Bustamante

El Colombiano

Las hormigas rojas desfilaban con disciplina por la acera, cada una cargada con un trozo reluciente de las hojas que los fragantes cadmios les cedían. Un lejano urbanista cuyo rostro se ha esfumado en los afanes del tiempo los había sembrado en esa hermosa cuadra de Villa con Maturín, para las hormigas y para que nunca faltara el aroma al amanecer o la sombra en las tardes.

Estas son las primera líneas del cuento Una biblioteca personal, de la escritora Claudia Ivonne Giraldo. Autora del libro de cuentos El hijo del dragón y la novela El cuarto secreto, lo que más le interesa es la literatura fantástica. “Esa que muestra la realidad y de pronto te hace como un crash, es decir, la rompe y te muestra un lado inesperado”.

Usted tiene formación en filosofía y letras, y en literatura. ¿Ambos estudios le dan herramientas para la creación literaria? ¿Cómo?

“En talleres de escritura creativa, por más de 30 años, me he dado cuenta de que una persona debe saber literatura. No cometer errores de preceptiva. Una descubre que, en literatura colombiana, los libros son muy bien escritos. Los escritores conocen los trucos, la gente conoce el flash back y demás recursos expresivos.

En cuanto a la filosofía, sin universo ¿cómo se puede crear uno propio? Sin haber leído a los griegos, las tragedias, la literatura medieval, es muy difícil crear un mundo propio. Y leerla en orden, como me lo posibilitó la carrera, es ideal: veíamos filosofía griega I y Literatura griega I al mismo tiempo”.

¿Muchas de sus lecturas son de filosofía?

“No soy dada a leer tratados y ensayos de filosofía. Prefiero lectura de obras literarias”.

Hay filosofía en fábulas, mitos, cuentos y novelas.

“Busco en primer lugar a esos autores que poseen gran conocimiento. Eco, Yourcenar, Coetzee. Tienen un bagaje que cuando uno lee sus obras también está leyendo filosofía. Y en nuestro medio, Tomás Carrasquilla nos enseña es sobre la vida, la naturaleza humana, el alma humana. Lo que decía Milan Kundera es cierto: La novela ha logrado explicar lo que cuatro siglos de filosofía no han podido”.

¿Cuál es el autor que más la ha cautivado?

“Habito en muchos libros y con muchos autores. Pero Julio Cortázar es el más importante para mí. Es mi gran maestro. Adoro también a Tomás Carrasquilla. Y a Luisa Valenzuela la admiro profundamente. Sofía Ospina de Navarro me fascina. Tengo muy pocos buenos amigos. A los demás, los voy descubriendo poco a poco y, la verdad, no es que me guste mucho descubrir muchos nuevos autores”.

Unos decimos que no estamos interesados en conocer muchos nuevos amigos, sobre todo en días de misantropía, pero eso de los autores cómo lo explica.

“Una es así. Me encanta, claro, leer cuentos de los talleristas. La novela colombiana me parece muy mala casi toda. Me gustan unos, como Tomás González...”.

Durante el Premio León de Greiff usted dijo que cada autor alude en sus obras a sus vivencias.

“Una no es tonta, ni vive encerrada en una torre de cristal. A todos, en este país complicado, nos ha tocado duro. Tenemos nuestra historia de violencia. ¿Cómo evadirle el bulto a esos asuntos de los conflictos sociales? Lo decía porque parece una moda que los escritores escriban de violencia. Creo que esa es labor del cronista. Yo he estado por el lado de lo que dice Cortázar: sospechando que en la realidad hay otra cosa oculta, que no percibimos. Como si hubiera una cosa detrás de la pared. ¿Está usted seguro de que está aquí sentado, a esta hora, conversando conmigo?”.

No, no tengo esa certeza.

“Pues en la búsqueda de esa otra cosa que hay en la realidad es que he estado yo y es lo que he tratado de contar en mis relatos. Sé que se puede inventar un sicario sin saber nada de eso, pero la mejor literatura es la que habla de lo que uno vive”.

Escribe cuento y novela. ¿En cuál género se siente más cómoda?

“En el cuento, claro, por mi condición de mujer”.

¿Cómo que por su condición de mujer?

“Tengo dos hijas, un marido, una mamá. Soy la única mujer en medio de cinco hermanos hombres, de modo que conozco bien diferentes roles familiares exigentes. Pertenezco a una generación que no supo decir que no a los compromisos. El matrimonio es una trampa que evaden más fácilmente las nuevas generaciones. Necesito mucha concentración para la novela. Porque el que escribe una novela se levanta y se acuesta con ella, mantiene ensimismado en su trama; si te distraes, se para. Por eso, el novelista es un ser solitario. El cuento también, pero si uno se dedica tres o cuatro horas avanza mucho, después pule y perfecciona... Bueno, tal vez estas sean disculpas sin valor porque Toni Morrison, la estadounidense ganadora del Nobel de Literatura en 1993, tuvo ocho hijos y no se ha quejado de que no tiene tiempo para escribir”.

La biblioteca de mi tío ha sido el regalo material más grande, más importante que he recibido en esta vida. Nada puede comparársele. (...) Es por ella que puedo así, al leer alguno de sus libros, encontrarlo, escucharlo de nuevo, inteligente, pleno de ese sentido del humor magnífico, mientras que, lentamente, las hormigas trazan sus misteriosas rutas, tenues, en otras aceras. .


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