Actualidad

Arturo Barea, el escritor que forjó el exilio

Por Tereixa Constenla

El País (Es)

El último rastro sonoro que dejó “la voz incógnita de Madrid” durante la guerra se grabó en Radio Córdoba en mayo de 1956 en la gira por Argentina de uno de los locutores más populares de la BBC que entonces era conocido como Juan de Castilla. Cigarrillo en mano, Arturo Barea (Madrid, 1897-Faringdon, Reino Unido, 1957) responde escueto, casi ríspido, al periodista.

— ¿Cómo se siente la patria?

—La patria se siente como un dolor agudo al que no llega uno a acostumbrarse.

Barea llevaba 16 años haciendo alocuciones para América Latina desde la BBC en Reino Unido, su país de acogida. En la entrevista cuenta que le habían augurado cuatro grabaciones antes de ser despedido. “Todavía anda por allí el que me lo dijo y llevo cerca de 800 comentarios”, ironiza. Ninguna de esas grabaciones se conserva en los archivos de la emisora pública británica, según William Chislett, comisario de la exposición Arturo Barea. La ventana inglesa, que se inauguró ayer en el Instituto Cervantes, en Madrid. Otro paso más en el rescate del autor de La forja de un rebelde, fallecido hace 60 años, que desde esta primavera tiene una plaza con su nombre en Lavapiés.

En la exposición, patrocinada por la Fundación Iberdrola, se puede escuchar el audio de la entrevista argentina, única huella sonora de un hombre que fue antes famoso por su voz que por su literatura. Y que se leyó antes en el exilio que en su tierra. Entre 1948 y 1952 figuró entre los cinco autores españoles más traducidos del mundo junto a Cervantes, Ortega y Gasset, García Lorca y Blasco Ibáñez. “Arturo Barea tiene su plena vida de escritor en Inglaterra, allí encuentra un nuevo país y una nueva ciudadanía. Era un hombre desasosegado, que no se sentía bien en ninguna parte, hasta que llega al exilio y encuentra su sitio”, reflexionó el escritor Antonio Muñoz Molina, que lamentó que ninguna institución española custodie el archivo de Barea, donado a la Biblioteca Bodleiana de la Universidad de Oxford por Uly Rushby-Smith, sobrina y heredera de Ilsa Barea.

En 1941 se publica en inglés en la editorial londinense Faber & Faber The Forge, donde Barea ha vertido la materia prima de su infancia en Lavapiés, primera parte de la trilogía que culminará con su experiencia en la Oficina de Prensa y Propaganda del Gobierno republicano en el Madrid de la guerra. “Fue precisamente en aquellos tiempos de la Telefónica cuando empezó a contarle a Ilsa las historias de su niñez”, recordó el director del Instituto Cervantes, Juan Manuel Bonet.

En plena guerra, en 1938, se publica Valor y miedo, primer libro de Barea, en Publicaciones Antifascistas de Cataluña. Para entonces él ya ha cruzado la frontera con Ilsa Kulcsar, que se convierte en su segunda esposa tras divorciarse de Aurelia Grimaldos y que desempeña un papel esencial para facilitar el despegue del escritor en el exilio, según Chislett. Hasta 1951 no se traducirá La forja de un rebelde al castellano en la editorial Losada, fundada por republicanos en Buenos Aires, mientras que en España se publicaría en 1977 en Turner. Las tres versiones pueden verse en el gabinete bibliográfico, junto a otros 40 libros, revistas o cartas de Barea. En una de ellas responde cuestiones sobre su obra al poeta y crítico inglés T. S. Eliot.

En otra agradece a Ramón J. Sender sus elogios: “Puede usted imaginarse la emoción con que he leído su crítica, dándome no ya el visto bueno un español a quien llevo más de 20 años admirando, sino elevándome a su propio nivel, en este intento nuestro —suyo y mío— de interpretar España y defenderla con la cara alta, ante los propios y los extraños”.